Opinión de las buenas: soy un dispensador de leche feliz…

9 de diciembre de 2011.

11:45 horas. Nace la niña sin nombre, después de 14 largas horas desde que comenzaron las dolorosas (mejor dicho, insufribles) contracciones.

11:46 horas. Me ponen en mi pecho a la niña sin nombre. Mientras yo intento recuperar la respiración después de la emoción de verla, sentirla y tocarla, ella comienza a buscar mi pecho y comienza a mamar. Si fuese por ella no se hubiese soltado nunca… Y cuando digo nunca, me refiero a que a día de hoy seguiría ahí. Toda una succionadora nata…

Y yo una dispensadora feliz… Al principio se hace más duro, pero pasadas las primeras semanas, la lactancia materna se convierte en la experiencia más bonita que he tenido junto a la NSN hasta ahora. Sentir que sólo contigo quiere estar, como si fueses su héroe. La única capaz de salvarla, no sólo cuando tiene hambre, también cuando está cansada o busca consuelo. El rostro de satisfacción cuando termina, con sus ojos orientales medio vueltos y su sonrisa automática, es emocionante. ¡Te sientes tan especial en ese momento!

* Foto de Ellen Moreira, vía Flickr.

Es por ello por lo que haber tenido que dejar de darle el pecho de un día para otro me ha parecido tan duro. De repente hemos roto (o, mejor dicho, he roto) la conexión que teníamos. Mi intención, como en los primeros días, era la lactancia mixta. Pero, sólo cuando he dejado de darle el pecho, ella ha decidido, por supervivencia, que tenía que coger el bibi. Que ese cuerpazo no se alimentaba con el aire.

Así que no me ha dado tiempo a despedirme, a decir adiós, de manera gradual, a esos momentos entre ella y yo, donde se podía parar el mundo porque todo lo demás no importaba. Se despertaba por la noche o estaba nerviosa y tú sabías, sólo tú, que tenías el poder de hacerla sentir bien. Y ahora lo añoro muchísimo, tanto que prefiero no pensarlo. Prefiero tomarlo como que este es el primer paso hacia la separación obligada por mi vuelta al trabajo. Quizás así sea menos duro.

A lo emocional, tengo que sumar otros beneficios de dar el pecho, que me han hecho la vida más fácil estos meses:

• Es económico. Pues sí que se gasta rápido un bote de leche de fórmula. Sin embargo, tu pecho no se agota nunca y es gratis, en tiempos de crisis, no está mal. Sobre todo, cuando tienes un bebé glotón, que se toma un bibi enterito en apenas 4 minutos de reloj, sin casi respirar.

• Es muy práctico. Sales a la calle sin más preocupación que no olvidarte de llevar contigo tu delantera, que, dicho sea de paso, se te pone de un volumen, que más quisiera que durara toda la vida. Qué bien te sientan ahora los escotes y camisetas ceñidas. Lo comento como anécdota, porque quizás sólo es un benficio para las que no estamos acostumbradas a tal despliegue y porque, está claro que además es perecedero (que a ver con qué aspecto se quedan luego. Miedito me da. Vivan los push-up y derivados).

• Fuera gases. Ha sido decir adiós a los llantos por los bibis y dar la bienvenida a los gritos por los gases. La NSN no es de bibis supersónicos, con válvulas especiales anticólicos. A ella le van los de tetina de látex de toda la vida, fuente maravillosa de gases. Así que tiene su barriga de ranita que va a explotar de un momento a otro. “Explota explota explo…”.

• Lo mejor para las noches. Sí, dormir es increiblemente mejor cuando das el pecho:

* 3 de la madrugada. La NSN comienza con sus quejidos… La coges y en la cama sin casi moverte le das el pecho. Que más de una vez os quedáis las dos dormidas en esa posición. Y sin hacer muchos esfuerzos la dejas de nuevo en la cunita y hasta mañana. Ahora con el bibi es otro cantar.

*3 de la madrugada… Tírate de la cama, arrastrándote por el pasillo, llega a la cocina, alcanza el biberón, llénalo de agua, échale los cacitos de leche (¿cuántos eran?), caliéntalo, pruébalo… Todo esto si lo consigues sin echar agua al suelo, espolvorear la vitro con la leche en polvo y no quemarte es que eres una superwoman. Vuelve al cuarto, dale el bibi, sácale los gases… Cuando acabas, sueltas a la niña sin nombre en la cuna y te mira ojiplática con una sonrisa de gamberra diciéndote: “Sí, ahora se va a dormir tu tía”. Y ahí te ves cogiéndola, meciendo la cunita una hora hasta que no puedes más, la dejas quejarse y ya te da igual… Al final se duerme ella y tú, desvelada, no sabes si levantarte a escribir un post, ponerte a hacer un bizcocho de zanahoria, con sus nueces y todo o salir a la calle a gritar que los andaluces no somos imbéciles, en todo caso lo serán los que gobiernan (tenía que decirlo, sino la que explota soy yo…).

Siendo la mejor alimentación que le puedes dar, desde mi sesgada y particular visión de la maternidad, no concibes no dar el pecho y animas a todas las futuras mamis a disfrutar de la lactancia materna. Y no pertenezco a ninguna Liga de la Lactancia, que sólo conciba como válida la lactancia materna o grupo extremista que vea como un sacrilegio el no dar el pecho, pero pienso que (si es posible y no hay ningún problema) si no lo experimentas nunca podrás saber lo que te pierdes.

¡¡Bibi eres un ser maligno!! Pero necesario, muy necesario.

La niña sin nombre en facebook.

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About La niña sin nombre

Las aventuras de la niña sin nombre con su globo volador y su #malamadre. Historias para no dormir, Diario de malamadre, la vida en Truman Residence y mucha biutiful zin. ¿Os venís?

2 responses to “Opinión de las buenas: soy un dispensador de leche feliz…”

  1. migremlinnomecome says :

    Mujer!! Que existen los termos para algo!! Termos para el agua caliente, termos para dejar el bibe ya preparado si calculas que falta poco rato… ¡soluciones para todos los gustos! Incluso calienta biberones que se enchufan en la mesita de noche!! Un mundo de posibilidaes antes que manchar la vitro… 😛

  2. María Paradela (@mariapagar) says :

    En un descanso que no debería hacer en el curro he descubierto esta categoría en tu blog y decidido explorarla… Que sé que no lo he leído todo pero no sabía cómo empezar.

    Me apena que tuvieras que dejar de darle el pecho sin quererlo… ¡pobrecitas las dos! Yo tuve más suerte, y como lo dejé en la guardería cuando ya tomaba cereal, las dos tomas que hacía allí se las daban de cereal con mi leche y con cuchara. Aparte de que no tuvo problemas en combinar biberón (otra vez de mi leche, me hice íntima del aparato ese del infierno) con pecho. La leche de bote sí que es verdad que no la quiso jamás.

    Como siempre, adoro tu forma de escribir. Tú dirás lo que quieras, pero estoy segura de que eres más tierna que un Donut.

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