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Diario de malamadre: ¿cuánto puede medir un culamen y no tener vida propia?

La barriga me hace ruido. No es la ansieté, aunque podría serlo, que la cuenta atrás hacia las vacaciones se me está haciendo terrorífica, no es la regla, no y no es un niño sin nombre, Dios no lo quiera que estoy yo como para un malvivir multiplicado por dos. Es el hambre que tengo… He decidido cortar de raíz con el crecimiento de mi culamen antes de tener que empadronarlo y educarlo como un miembro más de la familia, porque el muchacho está tan crecido que tiene identidad propia y reclama asilo político.

Antes de que esto se nos vaya de madre, que tres ya son multitud en Truman. He decidido poner medios. Y visualizar el verano… Visualizar los paseos por la orilla, moviéndose mis carnes sin ritmo alguno. Para mi el verano no llega hasta que estoy en tierrasanta, esto de ahora mismo es el  infierno, así que aún hay tiempo.

Ser madre me ha llevado por una senda peligrosa del malvivir. El maldormir se ha apoderado de mi vida, pero el malcomer no tiene futuro conmigo. La maternidad me ha borrado la cintura, las curvas y el ombligo. Me he convertido en un trozo de carnes sin forma definida.

Me he concienciado, me da igual que el PNSN se ponga fino por las noches y encima diga convencido que «ha sido una cena ligerita», me da igual que la NSN se deje sobras apetitosas en sus cenas, me da igual que la compi tipazo de turno llegue a la agencia con bollos que son bocatidicardenale, me da igual que sea el santo de una, el cumpleaños de otra… Estoy concienciada. Y no lo digo por decir como cada lunes. Esta vez es distinto.

Superados los 30 grados, seguir llevando leggings, medias tupidas y mangas largas atenta contra tu salud y la de los demás, que pueden sufrir un colapso al verte de esa guisa. Tú argumentas que eres una persona friolera, que el aire acondicionado te sienta fatal, pero chica en junio esto ya no cuela, que tienes marcas en las sobaqueras, el flequillo húmedo y la respiración cortada.

Así que te dejas llevar y vas dejándote ver, mostrando, de poquito a poco, tus encantos. Eso sí, mueves cielo y tierra para encontrar pantalones cortos que no pasen el límite de la pierna normal a la pierna de mastodonte, evitas gasas, transparencias, telas de seda que dejan ver tu flacidez y vas avanzando por la senda del mal hasta que abren la piscina… Negada a caer en la tentación de una talla más (eso sería la perdición), coges el biquini y te metes en el baño. Sin que nadie te vea, te pones la parte de arriba, con esta nunca ha habido problema, no crece por más ciruelas que comas (¿eran ciruelas?), pero ¡ay la parte de abajo! Tiras de aquí, de allí para ensancharlo un poco… Y con más esfuerzo que si estuvieras haciendo spinning acabas sudando la gota gorda para meter tu culamen en la braguita. Ahora no puedes respirar, ni andar… A saltitos llegas a la puerta de casa donde la NSN y el PNSN te esperan para bajar a las zonas comunes con cara de «sabemos que no podemos ahora mismo ni toserte».

Con la cara de «ni me mires ni me toques» te dejas caer en la toalla en una postura contorsionista para que no se te note la celulitis, el michelín o los pelos que aún siguen ahí después de la depilación exprés que te has hecho mientras te embutías en el baño. Y así pasan los días y vas usando sólo el biquini de embarazada, relegando los otros a una vida en el olvido, hasta que el calendario marca la cuenta atrás.

1. Zumo de naranja y melocotón en trocitos. Desayuno. Triste.
2. Pescado con guisantes ó pollo con arroz. Almuerzo. Más triste.
3. Manzana ó zanahoria. Merienda. Esto sí que es triste.
4. Melón y cereales ó Verdura hervida y sandía. Vacío estomacal, pero llevas superados 3 días sin pecar.

Para controlar un poco el tema. He decidido bajar a pesarme hoy y he vivido un episodio terrorífico en mi vida. El peso incapaz de darme una cifra, ha decidido quedarse con mi mano enganchada. Había dos opciones de peso, sí, pero yo estoy al límite de mis fuerzas y no coordino bien. He metido 3 monedas de 20 porque creía yo que eso me daría un completo y la solución a mi problema. Así que después del peso y la altura, venía la tensión, que nunca está de más, he pensado. Pi piiii piiiiiiiiiiiiiii ha empezado hacer el aparato del mal y el flotador gris ese donde estaba mi mano ha empezado a hincharse tanto que me oprimía la muñeca. He intentado sacarla sin éxito, eso pitaba más, hasta que la boticaria me ha venido a salvar. Yo con la mano morada he sacado un hilo de voz para preguntar:

– ¿Y mi papel? El del peso ideal por el que tengo que seguir pasando hambre.

– ¡No hay papel! Se ha acabado. Y la máquina ha dado un error… Nos costará unos minutos que vuelva en sí…

Así que he pedido que me devolvieran mis 3 monedas de 20…

Sin peso, a punto de quedarme manca y con el susto en el cuerpo he tenido una visión… Aquí lo importante no es la dieta que hagas, no, no te equivoques…

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Me veo fuerte. Estoy que lo doy todo. Seré una madre triste, pero con algún centímetro de menos en el culamen mientras paseo por tierrasanta. Eso espero…

La niña sin nombre en el día 2.

Diario de malamadre: desde el infinito hasta el más allá

Todavía recuerdo como si fuese ayer los minutos previos al nacimiento de la NSN.

– «Por favor, que esté bien…», le decía al PNSN con lágrimas en los ojos. Clavado en el alma y en el corazón el resultado del Triple Screening que me daba una probabilidad altísima de que la NSN no viniera bien. Pese a que la amniocentesis descartó cualquier problema genético, hasta que no la vi no pude creer que mi niña estuviese perfecta.

Cuando me la pusieron en el pecho nada más nacer, me pareció la cosa más bonita y perfecta de este Universo. Ese momento que no desaparece de tu mente nunca más. En ese instante me enamoré de ella y el corazón se me iba a salir del pecho como nunca antes lo había hecho…

Después tuve suerte, no sentí depresión postparto. Ni siquiera después de las primeras semanas, cuando ya todo volvió a la normalidad, mis padres estaban en tierrasanta, el PNSN trabajaba y la NSN y yo estábamos 12 horas la una con la otra, solas ella y yo. Sentía que era lo que había estado esperando siempre, incluso las noches en vela, los primeros colicos, los llantos inconsolables. Me sentía feliz, cansada pero feliz.

Pero llegó el momento, la operación biberón fue preludio de un cambio radical en nuestras vidas. Las carreras contrarreloj, la culpabilidad, la ansieté se apoderó de mí y las primeras semanas de vuelta al trabajo no fueron fáciles.

Pero todo pasa. Y eso también pasó. Y de repente sin saber cómo, me vi inmersa en una época de distanciamiento. El trabajo me separaba, el blog me separaba… pero realmente era yo la que me separaba. Quizás para no sufrir, quizás para no sentirme culpable, asumí perfectamente el rol de esposa-trabajadora-freelance… y no se cuantas más funciones, todas ocupándome demasiado tiempo y quitándole tiempo a mi niña y a mí como madre.

En los últimos meses le he preguntado al PNSN:

– «Yo creía que la querría más hasta que me explotase el corazón. Que no podría estar trabajando sin que me doliera el alma… Siento como si no la quisiera lo suficiente…».

Era un pensamiento que tenía clavado y que tenía que compartirlo para que no me doliese tanto. Las palabras del PNSN secaban mis lágrimas y la rueda seguía girando hasta hoy.

Ha tenido que ser este fin de semana de soledad el que me diese el bofetón en la cara. Normalmente hubiese clamado al cielo porque el PNSN nos dejará tres días y medio solas. Pero realmente sentía que lo necesitaba, me apetecía muchísimo pasar todo ese tiempo 100% pendiente y entregada a la NSN, sin relevo, sin tareas programadas, sin prisas, solas ella y yo disfrutando de cada momento.

Y me he enamorado, me he dado cuenta de que ese amor infinito, que sentí los primeros meses y que esta locura de vida en la que yo sola me he metido lo había empañado, haciéndome dudar, alejándome de ella, creyéndome que es lo que hay y no hay que darle más vueltas.

Esto también pasará. Y la rueda volverá a girar. Y nuestras vidas seguirán. Pero ahora sé que ese amor está ahí y que nunca desaparecerá…

La soledad me da por comer, por echar de menos al PNSN, por beber cerveza para cenar, por malcriar a la NSN, por añorar el mar y lo que allí me espera… y sobre todo me da por pensar.

La niña sin nombre. 

(diario de) malamadre: el poder de la sociabilización

Si eres tímida, no te gusta interactuar con desconocidos, te da vergüenza molestarlos o hacer nuevos amigos… te doy un humilde consejo: NO SEAS MADRE o NO SEAS una #malamadre que sale a la calle con cualquier excusa para compartir la maternidad. Cría a tu bebé/ niño en una burbuja de cristal, en tu casa y todo irá sobre ruedas… Eso sí, lo convertirás en un ser un tanto raruno y tú acabarás subiéndote por las paredes o loca de atar.

No me creo con el poder de la verdad, pero los hechos demuestran que algo de razón tengo. El viernes pasado bajé a tierrasanta. Los eventos primaverales están a punto de acabar conmigo. Sólo quiero que pase el dichoso magnífico 8J y morirme descansar. Ir en AVE con una niña de 17 meses sola, con maletón gigante y carro es una experiencia religiosa.

Te das cuenta de que la gente es super amable si llevas una pequeña terrorista contigo. Te ofrecen su ayuda constantemente, tanto que temes que te la rapten en un momento de despiste, porque mi niña (no porque yo sea su madre) es mona un rato. Por norma general soy muy confiada, así que yo la dejo a cargo de cualquiera (con buena pinta y sonrisa grande) mientras coloco el maletón en el primer hueco que veo, me ubico en el vagón, busco el asiento (ese que no cataré ni un segundo) y dejo el bolso del carrito. ¡Ay! El bolso del carrito, que va lleno hasta los topes de gusanitos, agua, galletas, botes de plástico, cremas, bolis, papeles varios, gasas y cualquier cosa que pueda entretener a la NSN durante dos horas y media. ¿Sólo dos horas y media? Dos horas y media eternas.

El viaje de ida se me hizo interminable. La NSN se pasó las dos horas y media pasillo arriba, pasillo abajo. Primero mirando cual revisor cotilla a todos los que allí se disponían a disfrutar de un tranquilo viaje. ¡JA! Gente ilusa. La NSN iba haciendo carantoñas, cogiendo todo aquello que estaba a su alcance y echándole los brazos al más pintado. En estas situacones de obligada sociabilización tú te deshaces en disculpas, comentarios absurdos, muecas, risitas forzadas y agradecimientos varios.

A media hora de llegar a tierrasanta vi la luz al final del vagón. Divisé dos niñas monísimas de 5 y 9 años con ganas de una hermanita a la que coger, estrujar, en definitiva, entretener mientras yo miraba el whatsapp y volvía a la vida. Un paseo a la cafetería y un par de chocolatinas y me las metí en el bolsillo, después de ganarme a sus progenitores, que al principio parecían reticentes a compartir su viaje con la NSN.

El viaje de vuelta fue otra cosa. Muy distinta. Ya no tuve ningún reparo. Tanto que la NSN se tiró 20 minutos con 4 muchachas con el reloj biólogico disparado, mientras yo ponía al día a mi amiga del alma de mi fin de semana de despedida. Sí, se acerca otro bodorrío. Y los que quedan…

Pasado este tiempo, me sentí mal y la recogí de las extrañas que la cuidaban entre arrumacos y risas. Llegamos a la cafetería y la dejé interactuar con uno y otro, mientras repetía mi discurso: «sí, 17 meses» / «sí, está muy espabilada» y «sí, se va con cualquiera» y como no «sí, no se parece en nada a mí», pero «no, no es adoptada, te lo digo yo».

Pero llegó el momento, lo bueno de viajar de noche es que en algún momento acaba llegando el descanso del guerrero y pasamos la última media hora sentadas, ella roncando y yo volviendo a la vida (2.0). En el viaje de ida, pensaba: «¿por qué no harán un vagón para madres y niños?». En el viaje de vuelta, ya siendo una madre viajera experimentada, pensé: «ni de coña. Eso tiene que ser un horror. Las madres con otros bebés no harían caso a la NSN».

La maternidad te pone pruebas, esta ha sido una de ellas y yo ya la he superado. Vamos a por otra, ya no hay nada ni ningún extraño que se me resista, le doy palique a cualquiera que le sonría a la NSN. Compartida la maternidad es mucho mejor.

Girls at Train Window

 

* Las dos amiguitas de la NSN la saludan desde el vagón. Au revoir!

La niña sin nombre y su malamadre. 

(diario de) malamadre: «bocaítos» de amor…

Ayer llegó la primavera… Eso dicen… Yo miro a mi alrededor y no veo nada distinto. No veo más amor, ni más flores ni más nada… Aunque claro no estoy yo muy por la labor de ver nada…

Pero bueno, después de esta reflexión absurda e innecesaria… Una malamadre como yo, que ayer vio a su hija una hora en todo el día, venía a contaros que le preocupa la NSN, concretamente, la NSNdestroyer porque ha cogido un hábito poco saludable, sobre todo, para su malamadre.

Cual cobra de la selva abre la boca al máximo, moviendo su cabecita (preciosa, por cierto) lateralmente, como con ansia incontrolable, y me muerde. Esto al principio era en la cara y yo pues pensaba: «me quiere tanto, me echa tanto de menos, la pobre mía, que me quiere comer… Qué ricura…». Y lo dejaba pasar. Pero el lunes, ya se encendió la luz de emergencia…

Estaba yo intentando ponerme al día de mis emails en mi rinconcito del salón, ese que ella tanto odia y se vino a mi lado, como de costumbre. Como un perrillo pachón suele ponerse en mis pies jugando con algo, lo que me parece una postal de lo más entrañable… Aunque realmente después de todo el día un rato jugando con ella, ahora era el momento del PNSN, que se escuda en: «¿qué quieres que haga?, si quiere estar con su madre…

Así que nada, como de costumbre también, se desplazó hacia los cables… Y por ahí sí que no paso, que esta niña con lo que le gusta chupar los cables… nos lleva en un chupeteo sin maldad a la ruina. Rápidamente le dije «NSN no. Eso no se toca!!!!». En un tono medio, no os vayáis a pensar, y la pequeña, sin que me lo esperara, me pego un mordisco en la cadera, que aún me duele. Os prometo que me llevé tal susto que por poco tiro el portátil, y de la impotencia del ataque de mi little princess se me cayeron los lagrimones. Al ver mi cara, ipso facto, corrió a las piernas de su padre en busca de aliado, pero no lo encontró.

Sí, sí, yo sé que carácter tiene la muchacha, no es nada nuevo, es lo único que ha sacado a su santamadre, pero lleva unos días que tiene unas rabietas, que no sé de donde ha sacado. Sin previo aviso, me han cambiado a mi princesita, destroyer pero pacífica, y miedo me da. Porque vosotras decís que las rabietas son a los dos años y la NSN aún no tiene 16 meses…

Y lo peor de todo es que me estoy dando cuenta de que comienza en serio ya la educación y hay que ir estableciendo unas pautas que determinen el camino que queremos llevar en esto del educar y eso me da aún más pavor. Todo era más fácil hace unos meses, cuando bebía biberón, se movía poco y, sobre todo, no gritaba ni mordía.

Pero para acabar con un suspirito de amor, mi niña, la buena, me da unos besitos terminados en un «mua» que me derriten y ella toca las palmitas porque eso sí esta bien, muy bien.

Feliz segundo día primaveral.

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* Desde que ha aprendido a dar besos, le da besos al Pocoyó, a Elephant y a los niños que se encuentra de vez en cuando, pero sobre todo a mí y muero de amor…

La niña sin nombre con colmillos afilados.

(diario de) malamadre: ¿manicura francesa o uñas de gel?

La personal shoppeor está que no levanta cabeza… Anoche ya fue el acabose con esa Red Carpet en la que para mi gusto sólo se salvaron aquí estas dos presentes, que a elegancia no le ganaba nadie…

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Porque no me diréis que no estaba llena la cosa de espantos… ¡Dios mío! Con la de opciones que tienen… Con la de posibilidades a sus pies y deciden ponerse estas mujeres estos atuendos del demonio. «Mi no entender», de verdad que no…

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En fin, los males de la personal shoppeor no vienen sólo por el desfile de espantos de la alfombra roja, no… Las pesadillas le vienen desde el sábado por la tarde cuando presenciamos un hecho que intentaremos borrar de nuestras retinas. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí la prueba evidente:

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* Si tengo una herida en el dedo…

de que la NSN es un proyecto de Suri… ¿Qué pensáis? ¿Qué fui yo en un momento de enajenación mental, por el estrés acumulado, la que cogió el pintauñas del Deliplus en rojo potente y decidió profanar sus preciosas y delicadas uñitas para darle un toque de color a su vida? PUES NO.

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* No le falta un detalle…

El sábado fue un día estupendo con plan familiar para tres. Exposición de Cartografías Contemporáneas en el Caixa Forum (muy recomendable pero acabó el domingo), comida en restaurante de los agradables (con trona y cambiador) y paseo trumaniano. Mientras iba paseando, me miré las manos resecas, culminadas por unas uñas medio comidas y con cutícula como para hacerme un bolso. Así que me dejé llevar, como quien no quiere la cosa, hasta el puesto trumaniano de chinas estilistas, que lo mismo te hacen la manicura, que te depilan las cejas o te hacen un masaje reparador… Más apañadas ellas… Y en estas estaba yo, a punto de terminar, cuando el PNSN ya estaba bien harto de correr detras de la NSN pasillo arriba, pasillo abajo, cuando se acercaron a mí. La NSN en cuestión de segundos, gracias a sus ojos achinados, se ganó al respetable y una de las estilistas, más maja que todas las cosas, la cogió, la abrazó, y comenzó a pintarle las uñitas.

No contaré que también se hicieron una foto con la niña y que la besuquearon hasta dejarle los mofletes colorados… No, eso mejor no lo cuento. Pero sí tengo que decir en mi defensa que mis uñas estaban secándose y no hay cosa que más rabia me de que estropearlas en el minuto uno, como me suele pasar siempre. Así que impertérrita, sonriendo con la mandíbula apretada, dejé que las uñas de mi pequeña de sólo 14 meses fueran esmaltadas. ¡Horror de los horrores!

Lo peor fue la vuelta… La NSN se quedó dormida con una mano saliendo del carro. Léase que Truman Residence está en la otra punta del barrio y que el PNSN y yo fuimos vigilando en la distancia para que nadie divisará la prueba del delito, esa mano de uñas esmaltadas, que sigue clavada en mi mente, y que a saber si no ha afectado mentalmente a la NSN y le deja un trauma de por vida o, lo que es peor, empieza a pedirme que se las pinte a diario y de colores flúor…

Bueno, al menos ya me he quedado más relajada, compartiendo aquello que me perturbaba. Anoche soñé que la NSN con sus 14 meses llevaba tacones, lucía minifalda ajustada con medias de rejilla, bolso de charol blanco, botitas de terciopelo y se iba de paseo con sus amigas, al cine o a tomar un happy meal. Lo sé, esto también pasará, pero todo a su debido tiempo, dentro de al menos 15 años.

La niña sin nombre y con manicura francesa.

(diario de) malamadre: se buscan amigüitos…

La NSN busca amigos… Amigos y amigas de entre un año y tres años, a los que poder achuchar y dar bocaítos; con los que poder charlar de sus cosas e intercambiar chupetes, mocos y lo que se tercie…

Ayer fue un día intenso. Todo comenzó cuando pusimos rumbo a Cercedilla. El PNSN tuvo su último examen y por fin he vuelto a ser madre casada que, por lo general o al menos en público, no busca plan. Felices nos dirigíamos carretera al Norte, en busca de una jornada lúdico-festiva y en busca, por supuesto, de nieve. Quedamos con parejas de amigos, que más majos no pueden ser, pero que nos vemos más bien poco porque: «¡qué levante la mano el que diga que en Madrid es fácil quedar!». Pues eso.

La NSN es entrar en el coche, y más si es hora de siesta, y viaja con Morfeo ipso facto. Pero, ayer no, la notaba inquieta… Y unos eructitos se convirtieron en el aviso de «algo va mal». No seré yo la que diga que alguna partícula de mango de la pasada fiesta tropical estaba haciendo todavía de las suyas. Porque aún no habían empezado las curvas de verdad y comenzó el desmadre. El vómito alcanzó hasta la luna delantera y el pantalón del PNSN que iba conduciendo, no digo más. Yo intenté paralizarlo con gasas que llevo de repuesto en el coche… Pero no hubo manera. Cuando el PNSN consiguió parar en el arcén (los he visto más rápidos la verdad), ya todo había acabado. Así que imaginaros el cuadro.

Y en ese preciso instante fue cuando pensé: «¿por qué nunca me acuerdo que esta niña se marea en el coche cuando vamos por carretera?».  ¡Aja! Es muy fácil decirlo cuando ha pasado. Y ahí me veía yo sin ropa de repuesto, maldiciendo mi poca previsión. Yo que siempre me las he dado de mujer precavida, parezco madre empanada-alobada-sin visión maternal, lo que se viene a llamar #malamadre. Menos mal que las madres amigas iban con todo lo necesario para que la NSN no fuese señalada con el dedo.

Descubrimos un lugar muy recomendable. Me parece increíble que tenga que ir hasta Cercedilla para encontrar un restaurante con parque infantil al lado del comedor y con tronas, de nea, pero tronas a fin de cuentas. Así que totalmente recomendable el Restaurante Helio, comida buenísima y ambiente estupendo, si no mencionamos que nuestra mesa estaba justo al lado del parque infantil y a los cinco minutos llegó una panda de niños de entre 5 y 10 años dispuestos a gritar, pelearse y casi matarse en el balancín…

Después vimos la nieve, la NSN se tiró en trineo y el PNSN y yo conseguimos no matarnos con el calzado que llevábamos. Si es que lo que se dice campestres no somos. Oye, que nos adaptamos a las mil maravillas y que nos lo pasamos pipa, mimetizándonos con el entorno, pero que no tenemos ni botas montañeras ni pantalones forrados ni de «ná». Urge visita al paraíso del deporte.

Pero yo a lo que venía, es a contaros la penita tan grande que me da mi niña. No sabéis cómo abrazaba a los niños, como los achuchaba y como sonreía… Como si no hubiese visto uno en su vida. Bueno, realmente sólo ha visto a uno o a dos. Los niños trumanianos no cuentan, no interactúan con la plebe o hijos de los no pandilleros. Los niños del Kindergarten no cuentan, porque la pobre mía ya ni los recuerda. Así que lo más cercano a un niño es Miss Nicaragüense, que no hace tanto que fue niña y que juega con ella como la que más, pero que no es lo mismo, no. En esa estamos, su interacción con niños se limita a las visitas a tierra santa, a los apretones en el rellano cuando se cruza con la vecinita o a Pocoyo, que no sé si considerarlo un niño como tal.

Y esto me sume en una tristeza infinita… Tranquilos, que no me va a dar la locura de traerle un hermano al mundo, pero estoy barajando alternativas. Por lo pronto, si se ofrecen hijos, sobrinos o conocidos de entre 1 y 3 años, son bienvenidos y bienaventurados. Pueden visitar Truman Residence, previo aviso y la NSN les recibirá con los brazos abiertos y la sonrisa pintada.

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* La NSN mirando al infinito, preguntándose por qué no hay amigos en Truman… «Ya llegarán NSN, tú paciente y los verás venir…».

La niña sin nombre.

(diario de) mala madre: señores de pana fina

Desde que soy madre hay algo en mi que ha cambiado. Me estoy haciendo mayor. He perdido la inocencia y no me fio de cualquiera. Pero no se vayan a pensar mal. No me fio de cualquiera cuando es de madrugada, me he perdido intentando ir a recuperar mi bólido y poner rumbo a Truman en una noche oscura y lluviosa.

Se imaginan la escena, ¿no? Pues ahí estaba yo, en una calle cualquiera del centro de Madrid, cuando un individuo, llamémosle «el rubiales de pana» se acerca y me dice: «Hola Lady MNSN» (no dijo MNSN, claro está, dijo mi nombre real). No, no era conocido, no, no era un amigo… Simplemente había escuchado a mi amiga llamarme y quiso hacer la gracieta… Pero no quedó ahí, continuó diciendo sandeces con una cara de loco de atar. Menos mal que al final de la calle divisamos un coche de policía y, tras él, un taxi que nos salvó de vete tú a saber qué desgracia…

Hoy, en la tranquilidad de Truman, me pregunto:
– ¿Estaba realmente loco? (Esto creo que no lo sabremos, pues espero no volverlo a ver).
– ¿Quería matarme, robarme o simplemente buscaba «amistad»? (Esto último no creo, iba solo y su método no era el más adecuado).
– ¿Tenía cara de loco porque vió mi cara de susto y pensó: «esta tía está mal»? (Puede ser…).

Lo que está claro es que estoy en baja forma, desentrenada, fuera del círculo de la noche… La maternidad me ha otorgado una prudencia, por llamarlo de alguna manera, extrema. Porque el miedo me duró tanto que cuando llegué al garaje de Truman Residence me temblaban las canillas de imaginar que «el rubiales de pana» saliese de detrás de la columna. Por cierto, ya les vale a las compañías de móviles no poner repetidores de señal en los garajes… Si me ataca el susodicho, no se entera ni Dios.

Ante esto, he decidido varias cosas:
– No salir en noches lluviosas.
– Preguntar el camino correcto a alguien del barrio antes de perderme y dar vueltas sin dirección.
– No dejar el coche en un garaje si es más tarde de la 1 de la mañana.
– Llevar un arma legal en el bolso por si las moscas.
– Juntarme sólo con amigas valientes, de las que dan la cara y no temen a «rubiales de pana».
– Y, por supuesto, no trasnochar si al día siguiente el PNSN está de baja paternal por exámenes y me toca NSNterremoto desde las 8 de la mañana.
– ¡Ah! Se me olvidaba: no dejar salir a la NSN hasta que cumpla… Bueno, mejor no dejarla salir, que hay mucho loco con mirada perdida por ahí…

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La niña sin nombre y sin miedo a nada.

Diario de malamadre: noche de cine…

Anoche estuve en el cine, cine de pareja, cine de arrumacos, cine que te mantiene en tensión.

¿Cuánto hacía que no disfrutábamos de una noche así? Nos preguntábamos el PNSN y yo cuando estábamos ya en la cama a punto de dar por terminado el saturday night.

Un sitio inmejorable, pantalla de alta definición, asientos cómodos, temperatura perfecta y un rato de desconexión. La película la elegimos un poco al azar. Aquella que comenzara a la hora que podíamos llegar. Ni antes ni después. Y tuvimos suerte. No es una de esas películas que te marcan en la vida, con un guión de premio o unos actores de flipar, pero si uno de esos peliculones, como diría el shérif, que te dejan pegado a la butaca. Menos mal porque las sesiones golfas nunca las aguanto bien…

Cuando estábamos metidísimos en la trama, en el momento crucial de la película, algo vino a perturbar nuestra paz interior: un gritito agudo, lejano, desconsolado venía del final de la sala… ¿O venía de fuera? En ese instante, volví a la realidad. ¡Zas! Me arrastré de mi letargo hasta llegar al cuarto de la NSN, le puse el chupe y volví al cine. Al cine en pijama, al cine en el sofá, al cine con publicidad… Cine impostor, sin trailers de los que molan, sin palomitas gigantes y coca-cola con pajitas compartidas, pero cine a fin de cuentas.

Cuando término la película, me di cuenta de que pasar momentos de desconexión, disfrutando de una buena peli es sólo cuestión de organización y de trasnochar. Y también me di cuenta de que una se conforma ya con poco. Esto es algo que me ha enseñado el ser madre. Que un sábado es un sábado bueno si la NSN te permite levantarte a las 9 y media y te deja ver una peli por la noche en la butaca de tu salón.

Recordamos nuestras noches de cine del de verdad y nos dimos cuenta que cada etapa tiene su momento y que en Truman hasta el cine es de cartón piedra.

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* Si no os habéis dado cuenta: el chupe de la NSN salvo la noche cinéfila. Así qué ¡no os lo penséis! El chupe sí o sí (consejo de #malamadre). Este es de NUK, de 0 a 6 meses, los únicos que quiere la NSN.

Y este micro relato de mi saturday night tiene una razón, contaros quiénes son las tres súper ganadoras del sorteo de TUCHUPE.com:

> GANADORA 1. ANA MARÍA RAMOS. Con el comentario número 25.

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> GANADORA 2. DULCE DESESPERA con el comentario número 27.

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> GANADORA 3. KARUSA con el comentario 36.

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Gracias a todos por participar. Enhorabuena. A elegir vuestro favorito y mandar un mail a contacto@tuchupe.com o dejad vuestro mail en un comentario y nos ponemos en contacto vosotras.

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* Colección de tuchupe.com.

La niña sin nombre.

(diario de) malamadre: ¿Qué necesidad hay de hacer un Roscón de Reyes casero?

Llevo todo el día leyendo en mi TL tweets del estilo:

> Prepara tu Roscón de Reyes de la manera más fácil.
> Tres recetas para hacer tu Roscón de Reyes casero.
> ¿Con crema o con nata? Disfruta tu Roscón…

Venga, vamos por favor. Y así muchos más tweets que mi memoria en baja forma no ha retenido. Pero el concepto en sí, la idea de preparar tu roscón casero se me ha quedado grabada en el cerebro y no consigo quitármela de encima. Y no, no he decidido irme al supermercado en busca de los ingredientes, remangarme y ponerme a lo Bree a amasar y decorar un roscón. ¿Estamos locos? Yo ya tengo el mejor Roscón de Reyes encargado. El mejor de Tierra Santa y alrededores con sus regalitos, su corona de Reyes, la mar de preparado, esperando a que mañana vaya a recogerlo y mmmm ñam ñam… Tengo un antojo por cierto.

Esto de no plantearte propósitos en año nuevo mola más de lo que pensaba. Por eso, para que no penseis que me estoy echando un farol, he decidido hacer una lista de LOS PROPÓSITOS QUE ESTE AÑO TAMPOCO VOY A CUMPLIR. Porque para ser sincera con los demás, primero hay que serlo con una misma:

> No. Este año no voy a aprender a cocinar. Seguiremos tirando con unos purés con sabor a matarratas, con potitos en la despensa por si surge algún imprevisto y con la querida Bree que pasará por nuestra cocinita de cartón, para que huela rico de vez en cuando. Y, por supuesto, ni pensamiento tengo de aventurarme en hacer un Roscón de Reyes, ni este año ni los venideros, siento decepcionarles. No veo la necesidad. En este propósito también entra implícitamente la costura. Seguiré esperando a bajar a tierra santa para coser el botón del abrigo de la NSN o pegarle la florecita que se le cayó hace tres meses.

> Pertenezco a una Liga en twitter de las que molan. Tenemos un hashtag #alacazadelacaloría por si quieren unirse. Tenemos una fecha de inicio: después de Navidad, es decir, después de Reyes, momento idóneo para comenzar la operación bikini. Pero no, seamos sinceras, este año tampoco creo que consiga perder la celulitis ni los kilos sobrantes. ¿Para que nos vamos a engañar? Porque este año tampoco haré ejercicio porque no tengo tiempo, porque el poco tiempo libre que me deja la maternidad y el trabajo lo paso aquí o allá, pero me niego a pagar una cuota  de gimnasio para no ir ni un día y mucho menos enfundarme las mallas reventonas para tirarme a las calles trumanianas a dar trotes. A mí no me esperen, eso se lo dejo a las runnermamis.

> Este año lo dudo más que los Panchos que consiga el nivel Upper-Intermediate, que tenía de inglés cuando terminé la carrera hace ya casi 10 años (esto es duro admitirlo, sepan ustedes). Mira que tampoco pido mucho. Eso sí, yo domino los tecnicismos en lengua extranjera de mi profesión, que dan el pego y quedan fenomenal, me dan caché, si no mencionamos los patones con la «pronunciation». Ahí no me gana nadie. Pero es que el acento del Sur nunca he sido capaz de camuflarlo.

> ¿Ser más creativa?
Pues mira se hará lo que se pueda. Yo cada día estoy más cansada, así que las ideas se me quedan atrofiadas en la mente, que ni «palante ni patrás». Además que tampoco hay que pretender ser más de lo que uno es. Ponerle interés sí, eso está claro, pero tampoco pretendamos engañarnos.

> Este año tampoco va a ser el año de tener un reloj. El 13 nou nou… Un reloj de esos bonitos, de los que te van marcando el tempo y la vida, de los que te dan una razón para mirar atrás y decir: eso lo hice yo, así comenzó todo… Pues mira, como que no… Que me conformo con que las cosas sigan como hasta ahora. Virgencita, virgencita déjame como estoy, que así estoy muy feliz yo. El reloj ya llegará y si no lo esperaré cada año hasta que marque la hora exacta. 

> Y aquí unos propósitos, así a lo loco, que en 2013 no van a tener su lugar. No voy a dejar de tener mal humor por las mañanas los lunes. No voy a tener otro hijo. No voy a dejar de ser #malamadre. No me va a gustar Truman. No voy a pintar un cuadro ni dos ni tres, aunque el shérif clame al cielo rogándomelo. No voy a vestir ropa cara. No voy a tener más noches de locura con el PNSN.  (Así que) No voy a comprarme ropa interior nueva. No voy a dejar de correr cuando salgo de la agencia para ver a la NSN. No voy a limpiar los azulejos de los baños. No voy a dejar el WhatsApp con mis socias. No voy a dejar de echar de menos a mis amigas de tierra Santa. No voy a poner las cortinas en Truman Residence. No voy a leer más libros. No voy a tirar mis prendas fetiches embolilladas. No voy a dar la vuelta al mundo. No voy a aprenderme la Historia de España y no voy a probar los caracoles.

¡Ay! Qué relajada se queda una. Os recomiendo esta terapia. Liberación total. Y vosotras, ¿qué no váis a cumplir este año? Pensaréis que hay muchos noes en este post, pero ahora ya puedo empezar a disfrutar del año. El período de reflexión de comienzo de año está llegando a su fin.

La niña sin nombre.

Diario de malamadre: La vida era tan fácil con el biberón…

Todo llega. El tiempo vuela. Los tópicos no fallan. Y te plantas un 13 de diciembre con una niña de un año y 4 días en la revisión de niño sano. Se palpa la tensión en el ambiente. Intento eludir el tema, pero llega el momento temido:

– ¿QUÉ COME ESTA NIÑA?

Ya estamos. Pero, ¿qué necesidad hay de poner las cosas más difíciles aún? Pues sí, todo puede ir a peor. DIETA LIBRE dice. Se te clavan esas dos palabras en el pecho como un trozo de pan duro, que ni «palante ni patrás». Cuando consigues tragar saliva, sale con voz de pito de tu boca:

– ¿Y eso qué quiere decir exactamente? A ver, explíquese.

La NSN ya hace dieta libre. Come lo que le parece, bueno, más bien, lo que me parece a mí, con total libertad. Esto es igual a puré con sabor a matarratas al mediodía, hecho por mí, con estas manitas que Dios me ha dado, que la NSN engulle con un poco de dificultad cucharada tras cucharada. O con suerte purés riquísimos, que se afana en preparar su abuelita cuando visita Truman Residence, dejando el congelador lleno de pequeños tuppers de colores, clasificados por: ternera, pollo, verduras, lentejas y una variedad que ni en los menús de la venta Las Navas (venta típica de tierra santa que me trae recuerdos de infancia). Entre nosotras, la abuelita no se fía de que su niña coma demasiado bien (la nieta, no yo, yo ya soy caso perdido y mis llagas me delatan). Pero, aquí salgo ganando yo, sus 9,920 kilitos y michelines varios me dejan vía libre. Y me permiten un acoso moderado y una repetición mínima de: «Ya tienes que ir dándole de cenar otras cositas». «Esta niña necesita ir probando otras cositas» (Léase «cositas» con tonito repelente de abuela que lo sabe todo).

¡Qué manía con el tema! Que esta niña es muy feliz, está redondita y sanísima con su bibi mañanero y su bibi nocturno. Y con las «cositas» que una le da entre horas: su frutita, que si su queso fresco, que si su pavito, que si un cachito de rosco de vino, que si un trocito de pan, unos macarrones sueltos, un trocito de queso del duro, una servilleta, vaya lo que una pilla a mano a las 7 de la tarde cuando llega a casa con ganas de un ratito de paz y juego sosegado. ¿Por qué tenemos que pasar a preparar cenas elaboradas, a hacer un planning semanal y a tener en la nevera los productos necesarios? Así, sin pensar mucho, se me ocurren las siguientes recetas elaboradas:

– Tortillita francesa con su huevo, su gotita de aceite y su poquito de jamón cocido cortadito.
– Su lenguadito en trocitos a la plancha, vuelta y vuelta. ¡Ah! Y su gotita de oro líquido.
– Un filetito de pollo con su pollito y… (¿El #pollohuérfano que busca hogar blogueril? ¡Qué mal pensadas! Ese no… Que es rosa, hombre).

– Y… (silencio sepulcral).

Juro que he seguido pensando 30 segundos más, pero no se me ocurre ninguna receta más. Ya me surgen dudas: ¿Puedo darle espinacas gratinadas? ¿Puede comer ensalada variada? ¿Puede comer sushi? Son tres recetas muy elaboradas (el sushi comprado, claro) que solemos cenar en Truman Residence. ¿Qué no? ¿Qué no son recetas para niños? ¡Ay! Madre del amor hermoso, la tormenta se cierne sobre Truman.

– ¡¡¡PNSN!!! Necesitamos un planning, necesitamos recetas y necesitamos respuestas. ¡Ah! Que no estás, que te has ido de cena navideña con los amigotes… ¡Qué poca consideración! Y aquí una devanándose los sesos pensando en la dieta de nuestra pequeña.

Yo a todo esto sigo dándole vueltas a la cabeza… ¿Qué malo tiene que la NSN cene su bibi de por vida? Con lo fácil, cómodo y agradecido que es. ¡Que tiemble Truman y alrededores que la cocina de cartón va a empezar a echar humo, pero de verdad! Con lo que nos costó instaurar el biberón en nuestro hogar y ahora te quieres ir así sin decir adiós, dejándonos el corazón «partío» y la cocina chamuscada. ¡Qué ingrato eres!

Por lo pronto, me voy a releer el blog enterito de Bizcocho de Chocolate, a ver si saco algo en claro.
Se admiten consejos, ideas, links, recetas o tuppers preparados y listos para congelar.

Baby boy (12-23 months) cleaning with vacuum cleaner

* Mamá ya paso yo el aspirador, pero dale ritmo a la candela hija, que a este paso me independizo y no pruebo un guiso tuyo.

La niña sin nombre y sin cenas a la vista.