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Historias para no dormir: la mano que mece la cuna…

Sabía que mi humor y positividad de pose durarían lo que canta un gallo. 

«Mamá, mamá, mamaaaaaa».

Así comenzaba mi idilio con Morfeo la noche antes de la vuelta. Anoche me fui pronto a dormir. A las doce estaba lista en mi añorada cama. No llevaba ni dos minutos cuando comenzaron los gritos. Primero un mamá desconsolado, mientras el PNSN me decía «no vayas o estás perdida». Yo aguantaba estoicamente, sabiendo a ciencia cierta que no duraría mucho sin ir a su rescate.

Después de la primera táctica, pasó al socorrido: «agua, agua, aguaaaaaaaaa…». Ninguna malamadre puede negarle el agua a su hija, piensa la NSN cuando no se le hace caso. Lo hace a todas horas del día porque sabe que pedir agua es el medio para conseguir su propósito: conseguir aquello que quiere, que la cojas en brazos, que vayas en su auxilio o que le llenes el cubo en la orilla. Pero ya sé diferenciar cuando la pide de verdad y cuando por pedir… le traes su agua fresquita y te la tira a la cara. Así que hice oídos sordos durante… dos minutos más.

Pasé del PNSN, me enfundé en mi capa de madresalvadora y me personé en la habitación del mal…

– A ver NSN, tienes que dormir en tu cunita, eres una niña buena y grande…

– Ahhhhh buaaaaa noooo – a grito pelado, más fuerte que cuando estaba en la cama remordiéndome la conciencia. En ese instante deseé no haber ido.

– Tranquila, no pasa nada, toma a muñequito… – muñequito por los aires disparado y el ataque iba a más.

– Ahhhhh buaaaa nooo – señalando la cama para que me duerma con ella a voces de «sentaaaa» que es en su idioma: «siéntate y calla y a dormir juntas y punto y final. Hombre ya, a estas horas intentando educarme después del verano que me has dado».

«Lo sé hija, he sido bastante malamadre en vacaciones. He dormido mucho contigo. Craso error, no me lo eches en cara ahora. Pero eso era en tierrasanta, en Truman sabes que no…». Así que cedí a lo único que me parecía coherente para evitar dormir con ella y entrar en la espiral de las noches compartidas.

– Mamá no se va, se queda aquí y te da la manita.

El tatami es gloria bendita al lado del suelo de madera. Me pude acomodar con dos cojines, uno para no dejarme la cadera y otro en la cabeza. En una postura imposible de lado y con la mano colgandera, ya estábamos «felices».

Hasta 5 veces intenté irme de la habitación… La NSN tiene un radar. Cada minuto levantaba su cabecita para comprobar que a su lado yacía la mano muerta de su madre y, a escasos metros en el subsuelo, su cuerpo débil. Yo intenté emular a Tom en Misión Imposible, saliendo de la habitación sin respirar, pero me falta fondo.

No flaquearon mis fuerzas. A la hora y media, conseguí caer abatida en mi cama, acompañada por los ronquidos del PNSN. Ahora estoy hecha un guiñapo, pero sé que el esfuerzo de los primeros días de adaptación a Truman Life merecerán la pena.

Y si no, siempre hay un plan B:

A) Mejorar mi técnica de huida, buscando la levitación, para que la NSN no se percate de que me voy de su lado.

B) Comprar una mano muerta pero que mantenga la temperatura con una manta eléctrica o qué sé yo…

C) Comprarme unos tapones y laralaralá lará…

¡Buenas noches! Que duerma quien pueda.

Lucille Ball Playing with Son Desi

* «Quieta ‘pará’ ahí ahora mismo. Hueles a perfume barato y a mí no me vas a engañar con una nana a estas alturas de la película. Ahí ‘sentá’ que te he preparado una colchoneta…».

La niña sin nombre volviendo.