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Historias para no dormir: festival del humor

Anoche era de esas noches que me las prometía felices.

El PNSN y yo, que a metódicos, rozando el estado psicópata de la disciplina férrea, no nos gana nadie, avanzábamos en la tarde noche de ayer con las tareas cumplidas en el horario marcado, según mandan las normas trumanianas.

Pero a las 8 de la tarde, cuando ya nos quedaba una hora de obligaciones para empezar a vivir o seguir trabajando, que lo mismo es, la NSN comenzaba su festival del humor. Todo empezó con una cena accidentada, donde el pescado acabó en todos los rincones menos en la boca de mi «querida hijita».

Aún había esperanza. Le enchufamos el bibi y pasamos al rato de juegos y risas en el sofá. Pero se nos fue de las manos… La NSN estaba desaforada, hiperactiva, no paraba de dar saltos… Nosotros felices pensábamos: «a ver si se cansa y duerme toda la noche, TODA del tirón…». Cuando ya estaba agotada pasamos al momento «vamos a momir». Rutina básica y necesaria: osito, cancioncita y cunita. A los 5 minutos la NSN comenzó a cantar, su última afición. Pero bueno, sólo cantaba, así que decidimos pasar a nuestro momento cena relajada, amenizada por sus cánticos en la lejanía.

10 minutos y la música de acompañamiento continuaba. Pensábamos: «ya se aburrirá». Yo pasé a mis aposentos de emprendedora nocturna para ponerne al día de mis biutifulzins. Pero de repente se calló y al momento empezó a llamarme «mamá, mamá, mamaaaaa». Así que fui, con el pálpito de «¿qué habrá hecho?».

Y así fue… Lo que había imaginado había pasado. Un olor a mierda rosas me echó para atrás de un bofetón y una escena escatológica donde las haya se quedó grabada en mi retina… La NSN desnuda con el pañal quitado y su caquita por todos sitios. Me ahorraré los detalles, la imaginación es poderosa. ¿Por qué me lo había imaginado? Porque es el tercer episodio similar, en una semana ha ocurrido lo mismo, una vez más con caca y otra con pipí… En casi dos años no he lavado tantas veces y con tanto detergente la funda del colchón y la ropa de la cuna. Ahora de tanta lejía están ya para jubilarse.

Así que la noche se tornó oscura, una horita limpiando y lavando la escena del crimen, bañando y rebañando a la señorita para quitarle el aroma embriagador y a las 12 comenzó la vida en Truman. Sobra decir que a esa hora ya lo único que pude hacer es sentarme a esperar que acabase la lavadora y a rezar para que esto no vuelva a pasar.

Girl (2-3 years ) sitting on lounge chair with drink and fan

* ¿Y lo a gustico que me he quedado, qué? ¿Eso no cuenta, mamá?

Observación: curiosamente, estos episodios han comenzado desde que entró en Truman el orinal. Pero eso lo contaremos en otra entrega, que ya para hoy es demasié. No quiero quitarles el sueño.

La niña sin nombre.