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Post con estrella: fin de curso II

Como sé que esto del fin de curso os ha gustado mucho, sobre todo a algunas… Hoy la segunda parte. Antes de nada os pido disculpas a las que me habéis pedido láminas para los profes y no llegamos a tiempo. Esto de que la NSN no vaya a la guarde me tiene desconectada. Pero el año que viene estaré dando guerra con el tema desde mayo.

Quería contaros que sigo adelante con la función trumaniana de fin de curso. La NSN está emocionada. No se entera muy bien, pero se ríe muchísimo viendo lo loca que está su madre, diseñando las pancartas y los banderines, los regalitos para el personal asistente (3 adultos, 1 muñequito y un par de animales de plástico) y todo los preparativos que conlleva una fiesta de tal magnitud.

La NSN ha aprobado con nota el curso, ¿lo dudábamos? A falta de las evaluaciones del horror de las guarderías, he decidido evaluarla en tres disciplinas fundamentales:

> Conocimiento del medio. Con nota. Sus paseos trumanianos diarios, sus inspecciones por el campo colindante, en busca de tesoros escondidos, le han hecho aprender mucho de la flora del lugar. Ella ya sabe distinguir entre las margaritas salvajes, que no le interesan a Miss Nicaragüense, y  las rosas de jardín, de olor intenso y colores vibrantes, que adornan los jarrones vacíos hasta entonces del salón.

> Identidad. Demasié. La muchacha no es tranquila, lo que se dice tranquila, paciente y comprensiva. Pongámonos en situación. La señorita ha decidido que ya no quiere lenguado para las cenas con amor que le prepara su madre. Vale, que el lenguado es a la plancha y sin gracia ninguna, pero le gustaba. La NSN ha llorado a grito «pelao» media hora, tirándose al suelo, haciendo la croqueta, pegando los trozos de pescado en los muebles de la cocina mientras señalaba con agresividad la nevera. Y este carácter ella lo aplica a todo. Menos mal que esto se compensa con los «muas» que me derriten, haciéndome olvidar por un momento que tengo que tachar una de mis 5 cenas posibles: tortilla francesa, salchichas, lenguado, croquetas, verduras variadas.

> Comunicación. No. Esta disciplina tiene su enjundia.

  • Capacidad de entendimiento: lo que le da la gana, lo que no, se hace la loca y tararea o baila, dando vueltas sobre sí misma.
  • Comunicación con desconocidos: sólo diré que un día se va a por tabaco y no vuelve, como si lo viera.
  • Comunicación no verbal: da caricias, «muas», muerde, pellizca, pega, abraza, da cabezazos… Sobresaliente, vamos.
  • Comunicación verbal: la imitación de animales es su fuerte. Las onomatopeyas «muuuu», «guau guau», «miau miau», «cua cua»… no se le resisten. Además tiene frases/ palabras míticas que es capaz de repetir durante horas: «a la cae» [a la calle], «papaaaaa, papaaaaa» [cosa, objeto o persona cualquiera], «no no no no no no no no» [no y punto], «tata, tata, tata…» [hada madrina], «mah» [dame más «encogía» que este cuerpo hay que mantenerlo]. Alguna más hay por ahí. «¿Mamá?», ¡ah! Sí, también, cuando llora o se hace daño.

Lo sé. Esta niña promete. Con 18 meses y estas notas. Yo lo único que espero es que me retire a tiempo. Yo me dedicaré a ser la madre de la artista con mucho gusto, por supuesto. Por ahora ser así de lista es su obligación y no por ello voy a salir a la calle corriendo mañana a por un regalo. Ni de coña. Lección aprendida en la infancia. Nunca regalar nada por las notas. 

Pero yo soy una blanda y con tanto niño listo por aquí, LEGO que es #biutifulzin se ha ofrecido y voy a sortear un regalazo entre estos niños de nota. ¡YEAHHH! ¡SUPER YEAHHH! 

Condiciones (facilonas que hoy no estamos para mucho lío):

  1. Ser seguidores de La niña sin nombre en facebook AQUÍ. Si no lo hacéis, no os preocupéis, luego nunca lo reviso.
  2. Dejar un comentario en este post contestando a: ¿Dónde celebrarías el fin de curso con LEGO? (y con tu hijo/s claro, tu marido es opcional).  Esto sí que sí tenéis que hacerlo porque si no cómo voy a sortearlo…
  3. Hacerlo antes del día 1 de julio. 

El ganador podrá elegir entre uno de estos dos premiazos dependiendo la edad de su peque:

¡TACHÁN, TACHÁN!

> Regalo 1. Uno de los sets de LEGO Friends. El estudio de ensayo que está destinado a niñas de 6 a 12 años.

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> Regalo 2. Uno de los sets de LEGO Duplo “Lee y Construye”, para niños y niñas de 1,5 – 4 años.

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¡¡¡Mucha suerte!!! Y atentas a Truman, que cuando lleguemos a 1.500 seguidores en facebook habrá sorteo de láminas muy especiales.

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La niña sin nombre construyendo con LEGO.

Biutifulzin: fin de curso

Sí, yo era empollona, empollona de las de verdad, de todo 10. De llorar por las esquinas porque tuviese un día malo y bajase de esa nota. Ahora, con el poder que me dan los años y la vejez prematura, me hace gracia recordar mis agobios infantiles, pensando que se acabaría el mundo si no terminaba los deberes un día. Pero claro, siempre hay una primera vez para todo. Y la primera vez que me tuve que estudiar una hoja fue un acontecimiento en la casa del sheriff. Si es que empollona era, pero qué trabajo les daba a mis padres. Mis días de castigos encadenados ya os los contaré en otro momento, con un GT en la mano.

Era 1º de EGB. Yo me creía super mayor y madura, pero tonta de remate. Me senté en mi mesita de estudio tamaño Los Diminutos y comencé a intentar aprenderme la lección 1 del tema 1: seres vivos y seres inertes. Ahí es nada. Como la paciencia no era una de mis virtudes hasta que fui madre, a los 5 minutos corrí en busca de mi querida madre con el corazón «encogío» (esta palabra nunca la puedo decir sin acento) sin poder explicarle lo que me pasaba: «Buaaaaa, que que es que… No sé estudiar mamá». Qué penica daba la verdad.

Después de media hora mi madre consiguió calmarme y enseñarme que sólo tenía que leérmelo una y otra vez, una y otra vez, hasta que lo fuese asimilando, que tenía que entenderlo y no memorizarlo como un papagayo… Una lección para toda la vida, sin duda.

Era adicta al colegio. Y cuando llegaba el fin de curso tenía sentimientos encontrados. Felicidad porque llegaba el verano y me iba a la playa, felicidad porque se acababa la dichosa fiesta fin de curso y dejaba atrás el ridículo que me daba ponerme en mallas para hacer la coreografía de turno y felicidad porque llegaba el momento Santillana y mi esperado cumpleaños. Tristeza por dejar de ver a mis compis, a los que mandaría cartas durante todo el verano como si me fuese a otro país, tristeza por no ver a los profesores: a Don Manuel, a Don Antonio, a Don Diego, a Don Miguel… que se quedarían grabados para siempre, pero no tan importantes como Don Draper, claro. Así que para mí siempre fue un poco traumático el fin de curso, por una cosa u otra. Hasta que me hice mayor y con ello abrí los ojos a la realidad, llegó el instituto y las noches en vela de estudio infernal por querer seguir sacando la mejor nota. Llegó la Universidad y lo último que me importaba era la nota. Y llegué a Madrid y la tesis acabo con las pocas neuronas que me quedaban.

Ahora es fin de curso. Y muchas vais atacadas por la vida, preparando las funciones de vuestros peques. Yo estoy por hacer una función en petit comité con el PNSN, Miss Nicaragüense y la NSN como protagonista, actriz principal, secundaria y de reparto, que ella dramática es un rato. La función se titularía: «No», que es su palabra más repetida, es capaz de decirla en 100 modulaciones distintas y con varias intensidades hasta llegar a decibelios de rotura de tímpano. Le pondría el vestido de bailarina de Lacitos on the Door, que más preciosísimo no puede ser (con el globo volador de la NSN), y le regalaría a Miss Nicaragüense como maestra una lámina como esta.

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¿Qué os parece? Este mes de junio he ido tan mal en todo que no he podido contaros nada de estas láminas personalizadas antes, que seguro que harían las delicias de los/las profes. Pero bueno, aquí os dejo la idea por si aún andáis en búsqueda de regalo.

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¿Y vosotras cómo recordáis el fin de curso?

La niña sin nombre.