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Diario de #malamadre: te quielo mamá…

La NSN y su media lengua me tenían enamorada y desquiciada a partes iguales. Igual que es capaz de tirarse toda la tarde del sábado con una gorra de vaca puesta en la cabeza  o un gorro de lana, sudando la gota gorda porque a cabezota no le gana nadie (bueno sí, su padre), también es capaz de repetir una palabra, tantas veces que se te erizan los pelos de las piernas (esos que no tienes tiempo de quitarte) y quieres morir de locura transitoria. Hasta hace poco no la hubiera entendido ni la Supernanny y la insistencia infinita, para que le hicieras caso a lo que decía, era de querer huir. Menos mal que lo suplía con una media lengua, un ceceo que me tenía rendida a sus pies.

Cuando una se convierte en madre por primera vez piensa que va a desarrollar habilidades que le harán superar muchos momentos: cocinar como las madres (como tu madre), coser un botón o un bajo (como tu madre), solucionar crisis y ataques de niña-croqueta en un pis pas (esto no lo recuerdas, pero seguro que tu madre lo hacía la mar de bien), tener la razón en todo (como tu madre), adivinar el futuro inmediato (tipo «te vas a caer», como tu santa madre) y entender el lenguaje de los bebés (como tu madre te entendía a ti y hasta entiende a tu hija mejor que tú).

¿Yo? Soy un fracaso de madre, cada día lo tengo más claro porque soy incapaz de todo eso y más. Cuando la NSN hablaba, me miraba fijamente y ponía cara de: «mamá, ¿tú te enteras de algo?». Su frustración, normalmente terminaba con un episodio de niña-croqueta. Pero ella, que es más lista que yo, ha decidido de repente dejar de hablar en swahili y comenzar a repetir todo con una dicción de matrícula, pero dándome el gustazo de mantener ese ceceo.

Es un auténtico papagayo. Eso desquicia un poco porque es cansina a más no poder. Pongámonos en situación. Viernes por la tarde, trayecto en coche:

– «El lunes me pongo a tope con eso…». – Le digo al PNSN sobre un tema de trabajo.

Seguidamente: – a to pe, a to pe, a to pe… Y así los 10 min siguientes se pasa la NSN…

– «Eres tonto hijo…». Una también tiene sus defectillos y lo de llamar tonto al PNSN, con amor, ya es algo innato en mí. Y una vocecilla comenzó «ton-to- ton-to- ton-to…» con el «incomprensible» cabreo del padre sin nombre.

Sí, tengo que corregirlo y tener cuidado  con lo que digo. Ha llegado ese momento. Todo llega en Truman, menos el dormir.

Así que dejé de decir improperios y opté por dar amor a mi familia. Abracé a la NSN y le dije «te quiero». La debilidad de una semana dura, la sensibilidad del sueño acumulado sacaron lo mejor de mí. Y ella seguidamente me abrazo y me dijo:

TE QUIELO mami…

Joan Barry Kissing Her Daughter

* «Mamá, quita, no te aproveches, que yo sólo me dedicaba a repetir tus frases, no sé lo que decía…».

La niña sin nombre y sin corazón.