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Personal Shoppeor: En paradero desconocido…

La personal shoppeor me ha abandonado. Está en paradero desconocido. No responde a mis llamadas. No pone el grito en el cielo cuando me ve ponerle el chándal a la niña, un día sí y otro también (el mismo), cuando me ve rebuscando en los jerseys fetiche algo calentito que ponerme para una reunión, ni siquiera se revuelve en su tumba cuando me ve combinar dos estampados de leopardo a lo loco, sabiendo los daños oculares que eso puede ocasionar al respetable.

No sé si se ha ido de rebajas, ella es poco de rebuscar entre la marabunta de ropa por si atisba alguna reliquia, sueña con vestir ropa cara (pobre ingenua) o si ha huido de Truman por siempre jamás a otro barrio, a otra familia donde sea apreciada como merece.

Mi cansancio extremo de este periodo de adaptación me tiene bajo mínimos. Si a eso unimos que mi mente está colapsada y que la NSN no quiere dormir, se crea un cóctel molotov que lo último que me permite es vestirme bien. Entiéndanme, he pasado de sólo tener que pensar qué visita toca hoy o qué dulce navideño elijo ahora a tener que organizar un departamento, ponerme al día de proyectos, pensar dónde demonios he puesto los pendientes que me regaló el PNSN por mi cumpleaños (tranquilas, no son diamantes), preparar las cenas de la NSN intentando salir de “un poquito de queso blanco y jamón cocido” (la segunda vez me tiró el plato por encima y el PNSN me mira mal), despertarme tres y cuatro veces a calmar a la NSN sin éxito alguno (viva el colecho, creo que va a ser una constante en mi vida) y un sinfín de preocupaciones rutinarias que me están matando.

Pero no me doy por vencida. Ayer toqué fondo. Después de indignarme porque mi madre dice que no están los pendientes en tierra santa y darme cuenta de que me lo han robado, han entrado en casa del shérif, del mismísimo shérif y sin darnos cuenta han ido a mi cuarto y han buscado como alma que lleva el diablo mis pendientes, estoy sumida en la mayor de las desdichas… Colgué el teléfono a mi santa madre y miré mi armario. Y me di cuenta. Mi vida tiene que dar un giro de 180 grados. ¡Tengo que irme de rebajas! Sí. Eso es. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?

Mientras encuentro un hueco en la agenda para dicha misión, que tiemble mi armario, que este fin de semana no queda viva ni la falda fetiche de cuadros de cuando era jovensuela. Necesito dar alegría y color a mi vida. A ver si cuando vaya ya me he tomado en serio mi pertenencia al club de #alacazadelacaloria y puedo comprarme algún modelaso. Y la personal shoppeor sentirse orgullosa de mí y volver a casa.

Lo de la NSN es más vagueza que falta de recursos, que al armario que trajo de tierra santa, ayer se unió esta bonitez. Sí, morid de envidia, fuimos unas de las ganadoras del sorteo del año de Waleska. ¡Ay! No dejéis de ver las cosas tan remonas que tienen en Bonnet à Pompom. Nos mandaron esto ayer mismo. ¡Gracias!

la foto 1

la foto 2

la foto 3

la foto 4

*Mi niña así si puede pasear con la cabeza bien alta por Truman.

La niña sin nombre y sin personal shoppeor.