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Diario de malamadre: el inicio del declive…

Yo me las prometía felices. El viernes con un mal cuerpo de querer morirme, me dirigía a #tierrasanta con el PNSN y la NSN, sintiendo en mis carnes flácidas el relax de dos días de cuidados intensivos y recuperación exprés, que me devolviesen la energía y fuerzas, que mis llagas estaban absorbiendo a la velocidad de la luz. No hay dolor por hacer la maleta medio mareada del chute que lleva tu cuerpo si al final ves la recompensa: los abuelos como la salvación.

Bajar del tren en tierrasanta es felicidad al instante, el olor a mar te penetra por los poros de la piel y el mal se detiene; no desaparece, pero se queda paralizado a lo lejos, esperando impaciente tu vuelta.

Mi madre es vidente,  pitonisa, vamos lo que se viene llamando que tiene boca de cabra. Todo el santo mes de julio se lo ha tirado la mujer diciendo que «qué mes de playa tan estupendo… Verás cuando bajes como cambia la cosa…». Y efectivamente. Este fin de semana ha sido el primero de viento de Poniente. Una suerte para los que navegan, surfean o sienten la velocidad del viento en su cara o quieren acabar «tarumbas». Pero una broma de mal gusto para mí y la NSN. La NSN se iba altiva de Truman contando a sus amigos que se iba de playeo, con su bikini a rayas y su maleta de piel… y vuelve más blanca que antes, pobrecita.

Yo imaginaba mis tardes de convalecencia en el sofá mirando al mar, reconciliándome con alguna lectura intensa (el Cuore o el Hola) y con la babilla caída de esos sueños no profundos que te devuelven a la vida. Pero no. Todo se ha tornado oscuro, intenso y agotador.

Si al chute de pastillas que lleva tu cuerpo, le sumas:

1. El viento de Poniente.
2. Una niña hiperactiva.
3. Mucho gusanito y poca comida sana.
4. Discusiones sesudas porque los abuelos piensan que la vida es una bambola y todos los vestidos que le compran a la niña son una talla más, que parece que va a hacer la comunión con ellos…
5. Efecto croqueta por la mañana, por la tarde, por la noche, en la casa, en la calle… cuando no se hace lo que ella quiere, a rodar.
6. 2 noches de despertares infernales por una fiebre nueva, sin causa aparente más que matar lentamente a su madre.
7. Mamitis aguda extrema, rozando la manía persecutoria…
8. Lo que se viene llamando depresión prevacacional, de ver tan cerca las vacaciones, tocarla con la punta de los dedillos y saber que realmente no han llegado…
9. Una vuelta en AVE de noche, con un frío polar en el dichoso vagón que todavía estoy tiritando.
10. La imposibilidad de darte a la bebida por no mezclar con las drogas que te mantienen viva y que te recetó el médico, ese médico con tics nerviosos que te da poca confianza o ninguna.

El resultado es este: mi cuerpo me ha abandonado, se ha dado a la comida basura y ha dejado en manos de mi destino a un cerebro chamuscado, que no acierta a decir más de dos palabras hiladas y que sólo repite, una y otra vez, una y otra vez: «toy cansá».

Y sí hoy es lunes… Y yo odio los lunes… Pero puedo decir algo:

la foto

No sé si reír o llorar… Y si notan ustedes cierto pesimismo, melancolía, delirio en mis palabras, les diré algo más: quedan 8 días para ser un año más sabia, más experta, más… ¡¡¡¡¡VIEJA!!!!! Y eso a mí me pone de peor humor si cabe. Comienza el declive.

¡Feliz semana!

La niña sin nombre.