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Diario de #malamadre: en casa del herrero, cuchillo de palo…

Un día te invitan a un evento, no cualquier evento, al I Encuentro de Madres Blogueras, el #8J para que nos entendamos. Te invita una bloguera amiga de las buenas y tú no puedes decir que NO, a nada puedes decir que NO y así te va. Dedicas horas del poco sueño que te queda para preparar una conferencia sobre Diseño y Usabilidad en blogs. Porque tú te dedicas a eso, además de a tropecientas cosas más, que no vienen a cuento…

De repente lo visualizas y te da vértigo lo que significa ser ponente (¡cómo suena esta palabra!). Te escudas en LA PANTALLA. Pero realmente el problema es que te das cuenta que lo que vas a contar está muy alejado de tu blog, tu casa sin nombre, esta a la que tanto cariño has cogido, esta que te acogió con los brazos abiertos, con su plantilla fija y que tú para darle un aire biutiful customizaste una noche y te lanzaste a la piscina 2.0 a contar historietas varias.

Y llegó el día y te pusiste a dar consejos, haciendo que esas madres blogueras sintieran deseos irrefrenables de renovar sus blogs, de cuestionar si sus fondos, si su tipografía, si sus colores eran los adecuados. Ahí sentando cátedra, con chascarrillos variados para quitarle dramatismo al asunto. Y te aplaudieron y todo. Y ahí fue cuando dijiste. HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO. ¿Qué era eso de predicar con el ejemplo? Manos a la obra, bonica, que vives tu aquí muy bien. Y dediqué las vacaciones a diseñar el nuevo blog. Que no será el segundo ni el último… Pero sí será nuestra nueva casa sin nombre. Esa donde os seguiré contando las aventuras de la niña sin nombre y su #malamadre en Truman. Esa donde podréis encontrar mis #biutifulzins, por fin ordenadas y elegir vuestra favorita. Y ese nuevo hogar donde…

TACHÁN TACHÁN… tendra cabida EL CLUB. ¿Qué CLUB? Sólo hay uno posible. El de las #malasmadres. Sí, lo confieso, soy bipolar, pero inofensiva. Mi lado #biutifulzin convive, como sabéis, con mi lado #malamadre.

Malamadre es muy suya y hartita estaba de tener que lidiar con tanto #suspirodeamor y tanta chorrada. Así que se ha hecho su propio twitter: @malasmadres Ya somos unas cuantas. Y no sé en qué momento me pilló, en uno bajo está claro, en uno de esos del mal dormir que prometí que si llegábamos a 2.000 habría fiesta de inauguración. Luego siempre puedo decir que a los 5.000 ¿no? (tonito penosa).

El caso es que en el nuevo blog habrá un lugar para este club de malasmadres y muchas sorpresas más, que os iré desvelando. Espero, sobre todo, que sigáis acompañándome porque si no, ¿para qué tanta historia, tanto esfuerzo, tantas horas de sueño perdidas y este dolor de espalda infernal que me acompaña desde hace semanas? Con la emoción en el cuerpo por estrenar el blog, los nervios de que os guste, la lagrimica de la despedida de este y el vértigo de teclear mi dominio propio, os dejo por hoy con el TIPdelDIA de mi otra personalidad:

Captura de pantalla 2013-10-24 a las 21.03.59

Cada noche a las 22 horas en @malasmadres publico el TIPdelDIA, con méritos, consejos, ideas, deseos… de las #malasmadres que me acompañan en el club. Anímate y sé la protagonista de mañana.

Puedes verlos todos AQUÍ.

¿CUÁNDO ESTARÉ EN MI NUEVO BIUTIFULBLOG? DADME UNA SEMANA Y OS AVISO AQUÍ.

Y GRACIAS a mi partner Sin Preparación Alguna por hacer realidad mi BIUTIFULBLOG. Es una crack y encima con la sonrisa siempre puesta. Ya le he dicho que elija día, hora y sitio, que esto se merece no uno ni dos, sino 3 GTs y una cena.

La niña sin nombre.

Diario de #malamadre: te quielo mamá…

La NSN y su media lengua me tenían enamorada y desquiciada a partes iguales. Igual que es capaz de tirarse toda la tarde del sábado con una gorra de vaca puesta en la cabeza  o un gorro de lana, sudando la gota gorda porque a cabezota no le gana nadie (bueno sí, su padre), también es capaz de repetir una palabra, tantas veces que se te erizan los pelos de las piernas (esos que no tienes tiempo de quitarte) y quieres morir de locura transitoria. Hasta hace poco no la hubiera entendido ni la Supernanny y la insistencia infinita, para que le hicieras caso a lo que decía, era de querer huir. Menos mal que lo suplía con una media lengua, un ceceo que me tenía rendida a sus pies.

Cuando una se convierte en madre por primera vez piensa que va a desarrollar habilidades que le harán superar muchos momentos: cocinar como las madres (como tu madre), coser un botón o un bajo (como tu madre), solucionar crisis y ataques de niña-croqueta en un pis pas (esto no lo recuerdas, pero seguro que tu madre lo hacía la mar de bien), tener la razón en todo (como tu madre), adivinar el futuro inmediato (tipo “te vas a caer”, como tu santa madre) y entender el lenguaje de los bebés (como tu madre te entendía a ti y hasta entiende a tu hija mejor que tú).

¿Yo? Soy un fracaso de madre, cada día lo tengo más claro porque soy incapaz de todo eso y más. Cuando la NSN hablaba, me miraba fijamente y ponía cara de: “mamá, ¿tú te enteras de algo?”. Su frustración, normalmente terminaba con un episodio de niña-croqueta. Pero ella, que es más lista que yo, ha decidido de repente dejar de hablar en swahili y comenzar a repetir todo con una dicción de matrícula, pero dándome el gustazo de mantener ese ceceo.

Es un auténtico papagayo. Eso desquicia un poco porque es cansina a más no poder. Pongámonos en situación. Viernes por la tarde, trayecto en coche:

– “El lunes me pongo a tope con eso…”. – Le digo al PNSN sobre un tema de trabajo.

Seguidamente: – a to pe, a to pe, a to pe… Y así los 10 min siguientes se pasa la NSN…

– “Eres tonto hijo…”. Una también tiene sus defectillos y lo de llamar tonto al PNSN, con amor, ya es algo innato en mí. Y una vocecilla comenzó “ton-to- ton-to- ton-to…” con el “incomprensible” cabreo del padre sin nombre.

Sí, tengo que corregirlo y tener cuidado  con lo que digo. Ha llegado ese momento. Todo llega en Truman, menos el dormir.

Así que dejé de decir improperios y opté por dar amor a mi familia. Abracé a la NSN y le dije “te quiero”. La debilidad de una semana dura, la sensibilidad del sueño acumulado sacaron lo mejor de mí. Y ella seguidamente me abrazo y me dijo:

TE QUIELO mami…

Joan Barry Kissing Her Daughter

* “Mamá, quita, no te aproveches, que yo sólo me dedicaba a repetir tus frases, no sé lo que decía…”.

La niña sin nombre y sin corazón.

Historias para no dormir: el día que me descubrieron en Truman

Era una mañana cualquiera. De esas que llegan después de una noche de despertares nocturnos a la voz de “mami, mami, mamiiiii”. Una mañana de ojeras profundas y neuronas vacías. Una mañana como otra cualquiera, de las que salgo pitando, como autómata, cojo la bolsa de la comida, abro la puerta y ¡zas!

– Buenos días. – Me decían.

– Buenos días. ¿Qué tal estás pequeña? Qué guapa vas….

Así comenzaba la situación más surrealista de las últimas semanas. No, no han descubierto que soy “la niña sin nombre” y han venido a pegar a mi puerta para rendir cuentas por lo dicho y hablado sobre Truman a punta de pistola. Y no, tampoco he sido asaltada en pleno Mercadona, mientras elijo los pimientos a la voz de: “alto, es ella…”. Ni tampoco, gracias a Dios, ha llegado una circular para convocar una reunión para discutir en público los problemas que acarrean mis posts. Cualquier cosa de estas hubiese sido mucho más admirable y dramática, como a mí me gusta.

– ¿Vas al colé? – En un intento desesperado de cortar el silencio ensordecedor al tiempo que bajamos al submundo en ascensor.

(Silencio. La niña pasa de mí).

– Anda tienes un bebé como la hermanita , qué bonito. – Era un comentario al aire para seguir en la sucesión de estupideces profundas, pero no, ese comentario fue EL COMENTARIO.

Y ahora pasamos al momento, por todos interpretado en alguna ocasión, en el que el padre se pone a hablar como si fuera ella:

– Anda hija, dile como se llama el bebé. Dile como se llama el bebé…

– No, no, no… – Y así, hasta mil noes seguidos.

(Sin entender la insistencia del hombre, llegábamos al final del trayecto… Los dos minutos más largos de la historia…).

– ¿No tiene nombre el bebé? ¿No? ¡Pero cómo va a ser eso! – Y dale, ¡qué fijación! No pasa nada. Déjalo estar… Podemos terminar sin incidentes hablando del tiempo, como todo buen vecino…

– No será que se llama El Niño sin nombre, ¿no? – Silencio sepulcral. Sí, han leído bien. El vecino dirigió la conversación hasta acabar diciendo eso. Estaba clara la estrategia.

(Mi cara lo decía todo. Aunque yo intenté disimular y cambiar de tema).

Se abrieron las puertas. Y todo acabó.

¡Hola vecino! Si ahora me lees aprovecho para saludarte, un placer. Y sobra decir que todo lo que aquí se escribe es producto de mi enajenación imaginación…

Man Speaking to a Woman on Her Porch

* Sí, es ella… La pobre no está bien de la cabeza, pero no hace daño a nadie…

Adiós niño sin nombre.

Historias para no dormir: festival del humor

Anoche era de esas noches que me las prometía felices.

El PNSN y yo, que a metódicos, rozando el estado psicópata de la disciplina férrea, no nos gana nadie, avanzábamos en la tarde noche de ayer con las tareas cumplidas en el horario marcado, según mandan las normas trumanianas.

Pero a las 8 de la tarde, cuando ya nos quedaba una hora de obligaciones para empezar a vivir o seguir trabajando, que lo mismo es, la NSN comenzaba su festival del humor. Todo empezó con una cena accidentada, donde el pescado acabó en todos los rincones menos en la boca de mi “querida hijita”.

Aún había esperanza. Le enchufamos el bibi y pasamos al rato de juegos y risas en el sofá. Pero se nos fue de las manos… La NSN estaba desaforada, hiperactiva, no paraba de dar saltos… Nosotros felices pensábamos: “a ver si se cansa y duerme toda la noche, TODA del tirón…”. Cuando ya estaba agotada pasamos al momento “vamos a momir”. Rutina básica y necesaria: osito, cancioncita y cunita. A los 5 minutos la NSN comenzó a cantar, su última afición. Pero bueno, sólo cantaba, así que decidimos pasar a nuestro momento cena relajada, amenizada por sus cánticos en la lejanía.

10 minutos y la música de acompañamiento continuaba. Pensábamos: “ya se aburrirá”. Yo pasé a mis aposentos de emprendedora nocturna para ponerne al día de mis biutifulzins. Pero de repente se calló y al momento empezó a llamarme “mamá, mamá, mamaaaaa”. Así que fui, con el pálpito de “¿qué habrá hecho?”.

Y así fue… Lo que había imaginado había pasado. Un olor a mierda rosas me echó para atrás de un bofetón y una escena escatológica donde las haya se quedó grabada en mi retina… La NSN desnuda con el pañal quitado y su caquita por todos sitios. Me ahorraré los detalles, la imaginación es poderosa. ¿Por qué me lo había imaginado? Porque es el tercer episodio similar, en una semana ha ocurrido lo mismo, una vez más con caca y otra con pipí… En casi dos años no he lavado tantas veces y con tanto detergente la funda del colchón y la ropa de la cuna. Ahora de tanta lejía están ya para jubilarse.

Así que la noche se tornó oscura, una horita limpiando y lavando la escena del crimen, bañando y rebañando a la señorita para quitarle el aroma embriagador y a las 12 comenzó la vida en Truman. Sobra decir que a esa hora ya lo único que pude hacer es sentarme a esperar que acabase la lavadora y a rezar para que esto no vuelva a pasar.

Girl (2-3 years ) sitting on lounge chair with drink and fan

* ¿Y lo a gustico que me he quedado, qué? ¿Eso no cuenta, mamá?

Observación: curiosamente, estos episodios han comenzado desde que entró en Truman el orinal. Pero eso lo contaremos en otra entrega, que ya para hoy es demasié. No quiero quitarles el sueño.

La niña sin nombre.

Diario de malamadre: LA FOTO

Los optimistas ven la vida de color de rosa. Los perros la ven en blanco y negro. Los bebés desenfocada. Los pesimistas negra como el tizón. Y las #malasmadres como yo la vemos con filtros… Unos muy claritos, como en decapé, otros muy intensos como si estuviésemos todo el día recién bronceadas, que te dan un buen color que no tenías ni en pleno agosto; otros como si la vida fuera una película de cine mudo de los años 20, que te imaginas hablando sin sonido y bailando claqué; otros te quitan hasta las pecas y con otros no te reconoces ni tú misma, pero te deja monísima…

Desde que en verano prometiera que dejaba durante 3 semanas las redes sociales, en busca de una desintoxicación necesaria para mi salud mental, me agarré como a un clavo ardiendo a la red social que tenía abandonada, la veía como la única red social tranquila, pausada y nada adictiva. ¡Ja! Qué ilusa soy. Instagram es un vicio. De los malos. Una herramienta venida del mal. Vas por la calle, estás comiendo, te llega una #biutifulzin, el PNSN se toca un pie, estrenas camiseta y no puedes evitar pensar en el filtro Walden/ Sierra/ Valencia… que quedaría divino.

Pero no nos engañemos, que la mayoría de las fotos no salen a la primera. Que el carrete del movil parece un stop motion con todos los fotogramas tirados para conseguir LA FOTO. La foto que merece un puesto de honor en tu perfil. Esa en la que pareces divina, tu marido Matt Damon, tu casa del Hola y tu hija modelo del VOGUE niños. Porque para ver cosas feas ya está la rutina diaria y el telediario.

Admiro la gente que sigue un mismo patrón… Y todas las fotos las retoca igual, con sus márgenes blancos, con las mismas perspectivas y la misma distancia focal. Vistas todas juntas en su perfil son maravillosas, como salidas de un mundo más irreal aún, que te entran ganas de pedirle asilo y vivir congelada en sus fotos. Pero, seamos sinceros, a mí eso, además de no ser capaz de hacerlo, me aburre.

Así qué mi Instagram es un batiburrillo de mi vida diaria, cada una de su padre y de su madre. De vez en cuando limpio y dejo sólo las bonitas. Pero, sin duda, las que tienen más éxito son en las que aparece la NSN, aunque sólo enseñe un pie. “Si me retiras NSN no me importa que SIEMPRE me dejes relegada a un triste segundo plano. Soy tu madre y te quiero, por eso lo acepto y porque el día de mañana me hagas tu representante”.

Pero la NSN ya es una niña “mayor” de casi 22 meses y no os creáis que pone tan fácil inmortalizarla. No, no. Cuando ve el móvil y escucha la palabra FOTO puede ocurrir:

> Que, después de convencerla media hora, esté a punto de matarse porque a su malamadre se le ha metido entre ceja y ceja una foto en el filo del sofá con unas zapatillas que pesan más que ella.

> Que no quiera ni para atrás una foto y entonces pase esto… Miles de fotos hasta conseguir una en la que esté bella como una camella.

> Que la persiga con la cámara y entonces nos caigamos al suelo las dos. Esto no es del todo malo porque al final cree que es un juego y se divierte. Ella no se hace nada y yo me hago un moratón.

> O que aquí una servidora opte por el chantaje barato, no emocional, que de ese pasa. Esta es mi última táctica. El otro día le prometí chocolate. Fue terminar e irse corriendo a señalar la nevera. Lo malo fue que no cerramos el pacto en qué cantidad de chocolate valía su posado, y después de la mísera pastillita de chocolate que le di, se tiró 20 minutos pidiendo más a grito “pelao”.

Así qué he optado por LA FOTO improvisada. Sin decirle nada, saco el móvil rauda y veloz y que sea lo que Dios quiera…

Y para terminar, tres puntualizaciones:

> No sois nadie en instagram, si no controláis las apps. Las chicas de Bebestilo nos dicen las imprescindibles AQUÍ.

> Si quieren morir de amor y creerse la más guapa del Reino (en este caso de Truman) llamen o busquen a la mejor, Lucia M Photography, una maga de la luz y de las fotos más preciosas del mundo, que sin darte cuenta, consigue captar momentos llenos de vida para siempre. Y si no, por si alguien aún no la ha visto, mirad la que nos hizo este verano AQUÍ, deseando estoy de ver las demás.

> Lo más de Instagram es encontrarte con aquellas que sigues y querer achucharlas a ellas y a sus peques porque ya son como parte de tu día a día. Me pasó el otro día con @unpocodecanela y @marapazos, dos mamis reguapas.

1930s 1940s Boy With Camera On Tripod Taking Photograph Of Baby Girl Toddler Sitting On Stool

* “Tú si que sabes sacar lo mejor de mí, chato. Para ti poso todo el tiempo que quieras. Mi perfil bueno es este. Mi madre es que es muy cansina, chico” (la NSN y uno de sus novietes trumanianos).
P.D. Me gusta pensar que los perros ven en blanco y negro… Es más romántico.

La niña sin nombre.

Diario de malamadre: cosas que echaré de menos cuando no te tenga…

Desde la clandestinidad escribo, despacio por el hábito perdido, emocionada por el reencuentro esperado, feliz por todo lo vivido y triste por lo que no pudo ser.

No soy yo de cumplir las promesas. ¿A quién quería engañar? Si siempre he sido un poco mentirosilla y tramposa en el parchís. Eso sí, cuando le prometí al PNSN que no escribiría en las tres semanas, cruce los dedos del pie. Las cosas como deben ser.

Y es que tres semanas dan para mucho. En tres semanas te da tiempo a llenarle el cubo de agua a la NSN en la orilla del mar cientos de veces, bajo sus órdenes de “agua”. Tres semanas es tiempo suficiente para que la NSN amplíe su vocabulario, añadiendo palabras completas y hasta frases construidas llenas de amor como “¿quieres agua?” o “a la calle mamá”. 21 días es el número ideal para que la NSN se convierta en una pequeña tirana, que ha decidido comer todo lo que le da la gana y más, dormir pegada a mí, bajo amenaza de gritos y llantos, chantajear a los abuelos con cara de perro pachón y obligarte a poner el pie en la calle a las 4 de la tarde con el solano y el cuerpo débil de la sobremesa. Tres semanas es el tiempo necesario para que tu mente huya de tu cuerpo y te des a la comida, a la bebida y a la pereza hasta el punto de que te das hasta cuenta de que si sigues con este ritmo acabarías postrada en una cama, siguiendo el zumbido de un mosquito, interrumpido sólo los miércoles para ir a comprar el Hola y los viernes para ver el Sálvame Deluxe.

Tres semanas es el tiempo mínimo para que mi mente haya vuelto a mi cuerpo, pidiéndole marcha y activación. Pero tres semanas es el tiempo para que te lleves la maleta llena de recuerdos, de cosas que se que echaré de menos cuando no te tenga… Cuando te diga adiós. 

Su risa.

No la que nos regala cada día, sino la que comparte con los abuelos al despertarse, con las titas cuando las persigue, con los primos cuando la achuchan… Esa risa nueva, contagiosa que te da energía para superar las noches perrunas que te da.

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Su olor.

El olor de su hogar, el olor de sus besos, el olor de su cuello en un abrazo. Ese olor que se te queda clavado en la mente y que sólo recuerdas cuando vuelves a olerlo y que desaparece, oprimiéndote el pecho, cuando los dejas atrás.

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La luz.

La luz que entra por cada rincón. La luz del sol, de la calle, de los amigos que vuelves a ver… La luz de tus ojos que se iluminan de felicidad y la luz que se apaga cuando los cierras la noche antes del adiós.

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Mi sombrero.

Mi sombrero, mis chanclas, mi pareo, mi bikini… Ese atuendo de gitana que me ha acompañado cada día, dejando relegados a la más absoluta de las desdichas los “modelasos”, que un día atrás llenaron mi maleta.

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La familia.

Y esas comidas eternas. Da igual que no los veas o que no hables con ellos, están ahí y los sientes más cerca que nunca, con la ilusión de exprimir cada segundo, cada brindis, cada abrazo…

laninasinnombre_lafamilia

Despertar juntas. 

Malamadre se ha apoderado de mí con una fuerza imbatible. He caído en sus redes, he colechado en busca del descanso y el relax merecido y he disfrutado de cada despertar a su lado, de los besos mañaneros y su risa, de sus bailes saltando encima mía y hasta de sus despertares nocturnos buscando mi abrazo.

laninasinnombre_despertar

Las maletas están llenas de todo esto y más. El ruido del mar y cada instante vivido me acompañan hasta la próxima vez. Ahí te quedas vacaciones, que Truman, Miss Nicaragüense, mis #biutifulzins, las historias para no dormir, los nuevos proyectos, la rutina y todo lo bueno que está por llegar, nos espera… Porque ellos también nos han echado de menos.

¡Allá vamos! Yeahhhhhh.

P.D. No dejéis de ver el resto de cosas que echaré de menos cuando no te tenga en mi instagram @laninasinombre, esa red social a la que me he enganchado este verano y es que una drogadicta 2.0 como yo algo tenía que hacer…

La niña sin nombre, volviendo…

Suspiros de amor: el valor de la nostalgia

nostalgia.

(Del gr. νόστος, regreso, y -algia).
f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Hoy suspiro de amor por mi tierra, como no puede ser de otra manera. Cuatro días intensos de felicidad compartida. Hacía tiempo, mucho tiempo, que no disfrutaba y aprovechaba tanto el tiempo de vacaciones, unas vacaciones cortas, pero que me han sabido a gloria (y a torrija de la que se te pega a la cadera).

Quizás si no viviera lejos, no sabría disfrutar de la Semana Santa como lo he hecho estos días, del olor a incienso, del sabor del pescaíto mientras llega el trono, de la pena por la lluvia caída, del sonido vibrante de los tambores, de los vinos que te hacen reír, de los bailes en El Tocata, de los reencuentros con aquellos que echas de menos…

Quizás si no viviera lejos, no me parecería tierra santa el mejor lugar para vivir (o sí, pero no con tanta intensidad). No echaría tanto de menos su clima, su sol, la alegría de la gente, la belleza de sus calles, la tranquilidad de su atmósfera, los rincones por descubrir y como no… su inmenso mar, que encuentras en cada esquina.

Quizás si no viviera lejos, no sabría valorar tanto la familia y los amigos, el calor de la compañía, la comodidad de la maternidad compartida, los abrazos y los besos a cada instante, el amor de unos abuelos que se merecen un monumento, el disfraz de malamadre con tacón y raya negra por las calles de la juventud.

Quizás si no viviera lejos, mi ciudad me parecería la de siempre, las calles perderían su color por la monotonía del día a día, los besos y abrazos serían menos buscados y la luz de la felicidad no sería tan intensa… La realidad sería más cruda, pero más real. Y quizás querría huir lejos.

Quizás… pero ahora después de un viaje de más de ocho horas con lluvia intensa, retenciones interminables, vómitos imparables… estoy feliz de llegar a casa. Aunque el alma sigue llorando por la nostalgia de la tierra, mi tierra, que me ha parecido única, más que nunca.

Me quedo con estos instantes, con los recuerdos que no se borran…

-11

* Esto es lo que se llama una peluquería vintage de verdad, sin pose, de toda la vida… Ahí la NSN y yo nos dejamos parte de nuestras cabelleras.

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* Que me gusta el Hendrick’s con Pepino, pero sin pétalos por favor, qué manía de aliñar los GTs. Pero qué bien me lo he pasado con el PNSN en plan novietes.

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* El jueves santo, de casualidad, mientras organizaba con Hijanohaymas la despedida del Hada Madrina me encontré con Los Legionarios que desembarcaban…

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* Esto sí que es relax…

-3

* Calles del centro donde perderte.

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* Penitentes de viernes santo.

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* Parada obligada. Casa Guardia. Vinos de la tierra.

-10

* Muelle Uno, el puerto de tierra santa sin filtros.

-2

* La NSN pensativa y cabizbaja pensando en la partida.

-14
* Hasta la próxima…

Fotos en mi instragram laninasinombre.

La niña sin nombre.