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(diario de) malamadre: el poder de la sociabilización

Si eres tímida, no te gusta interactuar con desconocidos, te da vergüenza molestarlos o hacer nuevos amigos… te doy un humilde consejo: NO SEAS MADRE o NO SEAS una #malamadre que sale a la calle con cualquier excusa para compartir la maternidad. Cría a tu bebé/ niño en una burbuja de cristal, en tu casa y todo irá sobre ruedas… Eso sí, lo convertirás en un ser un tanto raruno y tú acabarás subiéndote por las paredes o loca de atar.

No me creo con el poder de la verdad, pero los hechos demuestran que algo de razón tengo. El viernes pasado bajé a tierrasanta. Los eventos primaverales están a punto de acabar conmigo. Sólo quiero que pase el dichoso magnífico 8J y morirme descansar. Ir en AVE con una niña de 17 meses sola, con maletón gigante y carro es una experiencia religiosa.

Te das cuenta de que la gente es super amable si llevas una pequeña terrorista contigo. Te ofrecen su ayuda constantemente, tanto que temes que te la rapten en un momento de despiste, porque mi niña (no porque yo sea su madre) es mona un rato. Por norma general soy muy confiada, así que yo la dejo a cargo de cualquiera (con buena pinta y sonrisa grande) mientras coloco el maletón en el primer hueco que veo, me ubico en el vagón, busco el asiento (ese que no cataré ni un segundo) y dejo el bolso del carrito. ¡Ay! El bolso del carrito, que va lleno hasta los topes de gusanitos, agua, galletas, botes de plástico, cremas, bolis, papeles varios, gasas y cualquier cosa que pueda entretener a la NSN durante dos horas y media. ¿Sólo dos horas y media? Dos horas y media eternas.

El viaje de ida se me hizo interminable. La NSN se pasó las dos horas y media pasillo arriba, pasillo abajo. Primero mirando cual revisor cotilla a todos los que allí se disponían a disfrutar de un tranquilo viaje. ¡JA! Gente ilusa. La NSN iba haciendo carantoñas, cogiendo todo aquello que estaba a su alcance y echándole los brazos al más pintado. En estas situacones de obligada sociabilización tú te deshaces en disculpas, comentarios absurdos, muecas, risitas forzadas y agradecimientos varios.

A media hora de llegar a tierrasanta vi la luz al final del vagón. Divisé dos niñas monísimas de 5 y 9 años con ganas de una hermanita a la que coger, estrujar, en definitiva, entretener mientras yo miraba el whatsapp y volvía a la vida. Un paseo a la cafetería y un par de chocolatinas y me las metí en el bolsillo, después de ganarme a sus progenitores, que al principio parecían reticentes a compartir su viaje con la NSN.

El viaje de vuelta fue otra cosa. Muy distinta. Ya no tuve ningún reparo. Tanto que la NSN se tiró 20 minutos con 4 muchachas con el reloj biólogico disparado, mientras yo ponía al día a mi amiga del alma de mi fin de semana de despedida. Sí, se acerca otro bodorrío. Y los que quedan…

Pasado este tiempo, me sentí mal y la recogí de las extrañas que la cuidaban entre arrumacos y risas. Llegamos a la cafetería y la dejé interactuar con uno y otro, mientras repetía mi discurso: «sí, 17 meses» / «sí, está muy espabilada» y «sí, se va con cualquiera» y como no «sí, no se parece en nada a mí», pero «no, no es adoptada, te lo digo yo».

Pero llegó el momento, lo bueno de viajar de noche es que en algún momento acaba llegando el descanso del guerrero y pasamos la última media hora sentadas, ella roncando y yo volviendo a la vida (2.0). En el viaje de ida, pensaba: «¿por qué no harán un vagón para madres y niños?». En el viaje de vuelta, ya siendo una madre viajera experimentada, pensé: «ni de coña. Eso tiene que ser un horror. Las madres con otros bebés no harían caso a la NSN».

La maternidad te pone pruebas, esta ha sido una de ellas y yo ya la he superado. Vamos a por otra, ya no hay nada ni ningún extraño que se me resista, le doy palique a cualquiera que le sonría a la NSN. Compartida la maternidad es mucho mejor.

Girls at Train Window

 

* Las dos amiguitas de la NSN la saludan desde el vagón. Au revoir!

La niña sin nombre y su malamadre.