Tag Archive | viaje

El HNSN: En busca de gordi en un avión de doble hélice

Viaje: 1 hora 35 min. en avioncillo
Ganas de llegar: incalculables
Ganas de ver a gordi: incalculables. Verla significaba llegar viva.
Ganas de comprarme un AVE: incalculables.

A 24 horas de coger otra vez mi maletita rumbo a Los Madriles, allí me espera la siempre sonriente gordi y como no mi parteneir, aún no me he recuperado del viajito de la semana pasada. Yo que soy para los aviones como Woody Allen para las carreteras británicas me saque un vuelo ‘low cost’ hace un par de meses.

Hasta ahí, muy feliz. El avión salía a las 16.45 horas, pues a las 15.15 la HNSN, que es muy apretada, con su maletita se disponía a sacar la tarjeta de embarque sin saber lo que se venía encima, ajena a todo, y pensando en subirse a un avión comercial de los normalitos donde llegar a la capital en 45-50 minutos. Primer problema, la maletita, minúscula, de fin de semana, para no tener que facturarla la tuve que facturar. Sudores fríos, siempre pierdo la maletita allá por donde voy. Pienso en positivo y continúo con el proceso aeroportuario. Me quito las botas, el cinturón, el collar, el reloj, sacó el iPad, los líquidos y tiro como puedo y descalza de dos descomunales bandejas más el bolso. No pito, menos mal, me lo pongo todo encima y busco la puerta de embarque. Antes un café con leche de soja del Starbucks, si soy muy rara. Prosigo contenta hacia el embarque. La chica, que había facturado las maletas de los pasajeros, viene corriendo y también realiza el proceso de entrada del avión, cosas del low cost, pensé. Nos hacinan en la escalera de bajada de la pista donde un bonito autobús con los cristales rotos nos llevaba al punto de salida. Más nervios.

Cuando llegamos me encuentro una avioneta de juguete con doble hélice, terror, empiezo a hiperventilar y me dan ganas de pedir en plan histérica que me devuelvan al Starbucks. Una HNSN que se precie se la juega, todo sea por gordi, y me quedé inmóvil. Y allá que nos montamos, la gente con cara de póquer, yo que mido 1,70 casi chocaba con el techo, los asientos pequeñitos, de dos en dos, con pasillo estrechísimo y WC propio de los enanitos de Blancanieves, eso sí las azafatas llevaban un modelazo súper fashion y bastante abrigadito para los 30 grados que caían fuera, bueno el aire acondicionado lo arregalará pensé erróneamente de nuevo. La avioneta con aspiraciones de avión no llevaba aire acondicionado, se movía que daba miedito miedito, la puerta que conducía a la cabina de pilotos se abría y cerraba y el ruido del motor era ensordecedor. Entonces me acordé de las aerolíneas rusas, africanas, indias, y de que una Navidad que pasamos en Panamá me monté en un artefacto peor. Me relajé. Sólo un rato.

Entonces nos dieron un zumo de piña caliente que me tomé pensando que estaba frío, y comenzó el descenso con sus botes y todo. Sudando como un cerdo viudo y con los ojos cerrados me empecé a marear y a beber agua. De repente, el cacharro aterrizó y le eché al pasajero de al lado todo el agua encima Pedí disculpas y sólo me dijo: lo peor ha pasado. Y llegué a la ciudad de gordi, blanca, sudorosa. Al día siguiente me dirigí a Truman Residence a ver a gordi, me recibió con un gran bocado sobre mi nariz y arañándome la cara. Gordi la doble hélice a punto de estrellarse mereció la pena.

Gordi: 5 meses y 15 días.
Tamaño: Más larga y más roscas.
Cambios observados: Se sostiene cual monillo con la espalda medio derecha y con cara de pavor. El cuello lo mantiene tieso.
Conclusión: Se me cae la baba.

Mira, que le tengo dicho al Hada Madrina que lo barato sale caro… Ahí la véis en su aterrizaje forzoso… Sí es que ver a la NSN le ciega… Un día de esto no lo contamos…

La niña sin nombre en Facebook.

Historias para no dormir: Me paso la vida empaquetando…

Yo no me paso la vida bailando como dice alguna canción. Desde que decidí emigrar, un día de poca lucidez, me paso la vida empaquetando. Creo que debería haber ido contabilizando cuántas horas he pasado en el Daibus, en el Talgo, luego en el AVE y desde hace un par de años en el coche viajando Madrid-Málaga, Málaga-Madrid. El total seguro que me daría escalofríos. Que yo creo que me he dejado algún año de vida por ahí suelto en la carretera. Y ahora a ver quién lo recupera. No, no fue una decisión pensada (otro día os lo cuento). Yo antes, en mis tiempos mozos, tardaba con exactitud 30 minutos en hacer la maleta para irme a Málaga, la mía y la del pariente, que el pobre mío no desarrolló la parte del cerebro que te permite hacer maletas, planchar, limpiar los cristales, comprar ropa y tantas cosas más. Lo que os digo, tenía una habilidad, muy mejorada con los años, que era asombrosa. Y cada vez las hacía más prácticas. Desde hace 3 meses las cosas han cambiado y mucho.
Por fin han llegado las esperadas y temidas vacaciones de semana santa. ¿Y dónde vamos a ir? Pues a casa, ¿dónde si no? Que sí, que tiene sus ventajas: vacaciones baratas y… para de contar. Pero, claro, cualquiera es el bonito que le da ese disgusto a los abuelos, que ya tienen sus achaques y no es plan de hacerles sufrir. Así que toca empaquetar toda la casa, de manera que ocupe el menor espacio y en el menor tiempo posible. Objetivos imposibles de cumplir con la NSN en mi vida.

20.00 horas. Cariñín, maridín, macizorro, luz que ilumina mi vida… (No desvelaré el seudónimo real con el que le nombro porque me parece excesivo aún, más adelante, cuando me suelte un poco más). ¿Puedes por favor subirme el maletón del trastero?

12.00 horas. El amor con el que formulé mi petición anterior no tuvo éxito. Últimamente noto como nuestra comunicación no es fluida, a menos que sea por WhatsApp. Esto tengo que decírselo a él, no a vosotros, pero bueno. Bajo al trastero. Abro la puerta. Cojo la maleta, que está, como no podía ser de otra manera, arriba del todo de la estantería. Con una manta encima de ella. En este trastero está todo meticulosamente ordenado y clasificado. Resultado de vivir con un ingeniero. La subo. Todo esto con la NSN apoyada en la cadera (un día no lo contamos). La abro sobre la cama. Y me digo: «hoy si que sí. No me pilla el toro». A la NSN la coloco dentro de la maleta. Es grande, ¿qué os pensáis? Y a ella le encanta la idea. Así va viendo a mami cómo mete las cosas en la maleta. Un pantalón, otro y ya ¿no? Cuando terminan las vacaciones siempre me doy cuenta que el vaquero (ese de H&M, prenda estrella de mi armario) se puede quedar de pie solo, porque de los 10 días me lo he puesto 10 y el resto (vestidos, faldas de por si acaso) vienen de vuelta tristes por su poco poder de persuasión.

12.20 horas. La NSN ha decidido que eso de estar dentro de la maleta no le parece ya tan divertido. Mira que es “esaboría”. Y decide que con 20 minutos ya he tenido que meter toda la casa dentro.

12.30 horas. Le doy el bibi. “Vámonos de paseo. Te relajas un pelín y luego ya seguimos”. No pasa nada, aún es pronto. Así vemos el ambientazo del barrio.

16.00 horas. Hemos paseado (ni atisbo de huelga en este barrio. Los piquetes no se atreven a venir por aquí. Hay demasiados Bugaboos sueltos). Hemos comido. Y nos ponemos a seguir empaquetando. Antes reviso el correo y… ¡¡¡OMG!!! El cargador del portátil empieza a echar humo. Y, claro, tú me dirás, que hago yo toda la semana santa sin poder encenderlo. ¡Ay! ¡Madre! No sabía si llamar a “los Geos”. A punto estaba cuando el informático, después de llamarle cien veces por segundo hasta que me coge el teléfono, me dice que no dramatice, que cierre el bidón de gasolina, que el está aquí en una hora.

2.00 horas. La maleta sigue abierta. La NSN ya no está dentro, no. Después de una tarde entera dando conversación al informático, claro, ¿qué vas a hacer? Encima que te ha hecho el favor y el muchacho viene con ganas de charla. Y una que esta muy sola, que ya se cansa de cantar “los cinco lobitos” y “los patitos en el agua” pues no lo deja vivo. Cuando se ha ido ya hemos entrado en el bucle baño, bibi, fuera gases, caquita, más gases, paseo, venga un poquito más de gases. La señorita ha decidido que hoy quería echarse unas copitas y trasnochar.

Total que aquí estoy con la maleta abierta, unas ojeras que ya me consumen. Y ahora ya es que no sé ni lo que tengo que empaquetar. Así que creo que voy a vaciar los armarios y que “salga el sol por Antequera”. Si mañana no hay quien meta todo esto en el coche, yo me quedo aquí, que total no sé si estoy preparada para pasar mi última semana de baja maternal en Málaga, con la doctora en casa, el “aelito, deala que es mu chica”, el din don venimos a ver a la niña, la locura transitoria de la NSN y el padre enganchado a los juegos del IPad.

Creía yo, ilusa de mí, que la baja maternal eran unas vacaciones bien pagadas. Ahí, tan contenta, descansando, viviendo la vida, paseando, yo tan mona, con tiempo para ir estupenda y con una niña en el carro llena de lazos y conjuntos de bien. ¡Ja! Vuelvo en 10 días (sólo 10, ¿os lo he dicho?) y estoy flácida, con más ojeras que nunca, con la espalda hecha añicos, con la peluca tiesa, las piernas sin depilar… Y no sigo, que me deprimo. Y digo yo, trabajando 8 horas (si hay suerte), siendo madre, ama de casa, bloguera, amante, ¿llegaré viva a los 31?

Siempre nos quedará la huida… ¿Alguien se viene? No se dónde, pero lejos, muy lejos…

11.00 horas. ¡Buenos días! Tres horas dormidas. 20 bultos. 8 horas de viaje (con suerte). 5 paradas. 1 coche. 1 marido. 1 niña. Allá voy. Playa espérame. I need you.

Ha quedado claro que yo me llevaría un premio a la más rápida en hacer maletas. Como de récords absurdos vive el mundo, atentas, esto os va a interesar:

Récord mundial de cambio de pañales de tela en Valencia.

¿Estamos locos? Pobres valencianos, ¿nadie les ha dicho que existen pañales desechables?.

(Próximo post con vistas al mar, prometo foto).

La niña sin nombre.